Encarni pasando en un paso de peatones en Baiona

Hace doce años que Encarni se ha ido a Baiona y desde hace cinco es completamente ciega.

Le detectaron hipertiroidismo, una enfermedad que se caracteriza por el aumento de la actividad funcional de la glándula tiroides, debido al estrés provocado por problemas en el trabajo por lo que le cortaron el nervio óptico.

Esta vecina de Baiona de 45 años ve con incredulidad cada vez que sale a la calle y se encuentra con obstáculos que le impiden hacer el día a día. “Baiona no está preparada para las personas ciegas. Las papeleras están tan altas que el bastón pasa por debajo y tropiezo con ellas. Algunos de los pasos de peatones no tienen los puntos redondos en el suelo que detecto con el bastón, y no sé donde hay un paso de cebra” explica Moreira.

Otro de los problemas que afirma tener es que “no puedo ir a las calles del casco viejo, ya que las piedras están a distinto nivel y tropiezo”. Lo mismo le pasa, indica, con las playas. “Este verano me fui a dar un paseo a la playa de la Riberia y casi me caigo porque las escaleras de acceso no están señalizadas para personas ciegas”.

“En la biblioteca municipal no hay libros con sistema braille y en los edificios públicos, como en la casa consistorial del Concello de Baiona, no hay un ordenador que te hable para informarte. Además, como soy una persona autónoma tengo derecho a una pensión de unos 300 euros para pagar el piso o una persona que me ayude en las cosas de casa. Fui a hablar con la asistenta social en Baiona y me dijo que no había dinero, y eso que tengo una discapacidad del 89 %“, declaró la baionesa.

“Pero lo peor es en verano. Las calles están llenas de motos y bicicletas estacionadas con las que tropiezo continuamente. Las terrazas de las cafeterías lo invaden todo y es casi imposible caminar, así como los carteles de los bares, que siempre están en medio”.

A pesar de que la mayoría de sus amigos la han dejado de lado por su enfermedad, Encarni no se rinde. Tiene un mapa mental de Baiona en la cabeza y eso le ayuda a realizar los recados, ir a la compra o a correos. Su hermana viene todos los días desde Gondomar ha realizar las cosas de casa, como la comida, que después ella calienta. “Es muy duro encontrarte completamente ciega y sola. Estuve un año sin salir de casa por miedo y dos aprendiendo a manejar el bastón en las dependencias de la ONCE. Aunque en la villa se ha mejorado mucho, aún hay mucho por mejorar, ya que los ciegos en Baiona no tenemos derecho a nada” concluye Encarni.