Los truenos y chaparrones con los que se despertó esta mañana A Guarda dieron paso a mediodía a un apacible domingo repleto de actividades con el que el Concello ponía punto final a la trigésima edición de la Festa da Langosta e da Cociña Mariñeira.

La gastronomía, la música en directo y las travesías a bordo de un barco tradicional como el “Piueiro” han sido los principales atractivos de una fiesta que se ha prolongado tres días y de la que han disfrutado numerosos vecinos y visitantes.

Un programa más que apetecible con el que se identificaron miles de personas, desde los amantes de la buena música a los que saben apreciar la buena mesa. El difícil objetivo de agradar a todos por igual se ha cumplido en el treinta aniversario de una celebración que comenzó por una casualidad -en 1991 hubo una inusual abundancia de este crustáceo en sus costas y se decidió hacer una fiesta de exaltación del producto- y que, hoy, salvo los dos años más duros de la pandemia, no ha dejado de crecer en admiradores.

Además de los vecinos, estos días en A Guarda se dieron cita numerosos turistas, algunos de ellos viejos conocidos y otros que celebraban su primera vez en un pueblo que cuenta con todos los encantos de una villa marinera, incluidos unos alrededores espectaculares.

De ello pueden dar fe, por ejemplo, algunos de los músicos que protagonizaron el Festival Mar de Blues y que el sábado a mediodía se acercaron hasta el Monte Santa Tegra para admirar el paisaje desde la cima. Precisamente, ellos fueron los protagonistas indiscutibles de la noche del sábado -y parte de la madrugada- con una ‘jam session’ inolvidable que congregó en el escenario de la Praza do Reló a intérpretes de la talla de Will Jacobs, Remi Bankyln, Julian Vaughh, Javier Vacas, Marcos Coll y Javier Turnes, entre otros instrumentistas.  Desde Chicago a Londres, pasando por Santiago de Compostela hasta A Guarda, el cartel del Mar de Blues atrajo a un buen número de personas, que acabaron enamoradas del potente directo de estos músicos, que improvisaron con hasta cinco formaciones diferentes.

El alcalde de A Guarda, Antonio Lomba; la teniente de alcalde, Montserrat Magallanes; y el concejal de Fiestas y Turismo, Rafa Álvarez, se subieron al escenario para agradecer a los intérpretes su participación en el evento y agasajarles con algunos recuerdos de la villa y de su paso por la fiesta.

Y si la noche fue para el blues y el mediodía para la langosta y otros manjares marinos, la tarde tuvo un claro protagonista: el “Piueiro”. La embarcación tradicional, una de las más representativas del pueblo guardés junto con la gamela, realizó viajes durante toda la tarde para mostrar a los visitantes la navegación del barco con el que los marineros guardeses iban hasta Gran Sol. Una odisea que relatan los experimentados miembros de la asociación, formada en su mayoría por armadores y pescadores jubilados.

Erea Castro, el broche de oro a tres días de fiesta en torno a la langosta

La ruta de las cetarias y del Museo del Mar, los pasacalles a cargo de grupos locales, el vermú marinero y la feria de artesanía coparon la agenda dominical de numerosas personas en esta jornada final de la fiesta. La música, en este tercer y último día de fiesta, ha corrido a cargo de Erea Castro, con una actuación en la Plaza de San Benito, mientras que el grupo “A Boalleira” ha amenizado musicalmente la despedida entre el puerto y la carpa.

CRÓNICA: MAR BERMÚDEZ