ALFREDO

Entre insultos y abucheos fue despedido el primer ministro de Portugal, António Costa, en su visita esta mañana a Valença do Minho para la inauguración de manera oficial de uno de los primeros trenes con locomotora eléctrica que circulan en esta «Línea do Minho».

A su llegada a la ciudad fronteriza le esperaban más de 200 personas que reclamaban la apertura de las fronteras con España. “La situación es insostenible. Las empresas que hay entre Caminha y Valença perdemos 6 millones de euros cada semana por el cierre de fronteras, pero el impacto es mucho mayor si tenemos en cuenta que afecta a todo el sector del norte de Portugal”, relataba a la prensa española allí congregada João Cunha, representante de los comerciantes y empresarios.

Abran as fronteiras. Queremos trabalhar”, era la consigna que se podía leer en las pancartas de los afectados. La indignación de estos empresarios y trabajadores evidencia el durísimo momento que atraviesan y advierten de que la dependencia de las dos riberas del Miño es mutua y que están siendo doblemente castigados por los confinamientos.

«Nosotros vivimos en una zona transfronteriza. No tiene sentido que los portugueses podamos circular por todo el país, igual que los gallegos por el suyo, pero no podamos cruzar 300 metros cuando nuestros mercados viven de lo que pasa en la otra ribera del Miño», matiza Cunha. Los comerciantes, empresarios y trabajadores concentrados pretenden que António Costa interceda y no se prolongue por más tiempo un cierre de fronteras «que ahoga al Miño».

Por su parte, el alcalde de Tui, Enrique Cabaleiro, señalaba que en el caso de Tui y Valença, “o peche dás fronteirizas, o que está a facer nas nosas economías, sobre todo no sector comercial e hostaleiro, é que se resente moito polas restricións, restricións que a estas alturas non entendemos moi ben, e que en pouco ou en nada axudan a controlar a pandemia, e en cambio, si están a ter unha repercusión moi negativa nas nosas economías ata o punto das que está estrangulado”. Cabaleiro asegura que la facturación en determinados sectores ha bajado un 70% en la ciudad tudense.

ALFREDO