ALFREDO // Plaga de moscas Forcadela

Tan molestas como necesarias, las moscas desempeñan un papel importante en la naturaleza, como el de polinizar las plantas o desintegrar materia orgánica, aunque también propagan enfermedades. Su zumbido nos desespera y sus picaduras nos irrita. A pesar de que estamos acostumbrados a ellas, a veces nos hacen la vida imposible.

Eso es lo que les pasa a una decena de vecinos de Vilar de Matos y Sobre a Veiga, dos barrios de Forcadela, Tomiño, que padecen una grave plaga de moscas que lo invaden todo, hasta tal punto que casi no pueden hacer de comer, ver la tele o dar un paseo.

«É unha cousa extraordinaria. Levamos veraneando en Vilar de Matos 50 anos e nunca pasou isto. Están por todas partes. É tal a invasión que tivemos que poñer mosquiteiros nas xanelas e na porta», señala Juan Manuel Fernández, quien se queja que nadie aporta una solución a un problema que, además de ser insalubre, le obliga a hacer frente a un importante gasto económico que no contaba.

Lina Carrera es otra de las vecinas afectadas. Lleva viviendo en Forcadela toda su vida y «nunca miramos isto. É unha invasión. Estamos a matalas con pas matamoscas e cintas porque os insecticidas non fan nada, e ademais, son moi caros. Bótalo, caen ao chan e cando varres, levantan o voo», explica desesperada.

Los vecinos aseguran que el problema comenzó el pasado mes de abril, cuando echaron abono en un campo y no lo taparon. «Despois as moscas diminuíron, pero repuntaron en xullo e, agora, desde o pasado venres, isto é un inferno. Temos que ter todo o día a casa pechada», insisten.

Amalia Rolán barre diariamente miles de moscas. Forman ya parte de la estética de la casa. Ella es otra de las vecinas afectadas. Reconoce que siempre tuvieron animales y moscas, «pero isto é unha invasión. Aféctanos á nosa vida diaria. Teño cintas colgadas do teito en todas partes. Para facer a comida tes que estar atenta, porque se tiran dentro da tarteira», comenta disgustada por un problema de insalubridad que afecta a muchos vecinos.

El problema se recrudece en casa de la familia de Luis Argibay. Este vecino de 81 años tiene una hija enferma de 42 años con problemas de movilidad y hacen turnos para poder darle de comer, «mentres un espanta ás moscas, outro lle dá para comer», comenta resignado. Tanto él como sus vecinos piden soluciones urgentes porque «é imposible vivir así».