ALFREDO // Patricia en la floristería Caprichos de Nigrán

Trascurría el año 1994 cuando la nigranesa con descendencia viguesa Patricia Rodríguez, se presentaba a la primera promoción de mujeres para ingresar en el Ejercito del Aire. Tenía apenas 18 años. Siguiendo la vocación de su padre, tío y abuelo, que eran guardia civiles, cogió la maleta y se subió a un tren con destino a los Alcázares, Murcia. Tras jurar bandera, ya con 19, la destinaron a la base de Cuatro Vientos en Madrid, donde estaba el SAR, (siglas en inglés de servicio de búsqueda y salvamento).

«En Murcia hice las pruebas para policía aérea durante seis meses. Tuve que realizar los cursos de seguridad en defensa y de primeros auxilios, además de pruebas de buceo, físicas, de actitud, y otras pruebas en la Armada en Cartagena. Las superé todas, por lo que me presenté para el SAR», recuerda con nostalgia Patricia Rodríguez.

Pero no todo fue un camino de rosas. Se presentaron para el servicio de búsqueda y salvamento del Ejercito del Aire casi mil personas para siete plazas en toda España. Patricia recuerda que fue mes y medio de curso donde iban haciendo cribas y tenían que superar diferentes pruebas y ejercicios. «Eran sólo chicos y no querían que me presentara. Tenía problemas con la gente mayor, con los que habían ascendido por antigüedad y no entendían que hacia una mujer en el ejército. Había un sargento que me decía que tenía que estar en casa«, señala la nigranesa.

Fueron muy duros los comienzos en el Ejercito del Aire para Patricia, a quien la habían saltado para las pruebas del SAR por otro compañero con menos antigüedad y con la misma formación «simplemente por ser mujer». «Siempre estaba en el punto de mira. Hablé con el Coronel para que me diese una oportunidad. Me dijo que iba a ser una plaza perdida, que en Cuatro Vientos tenían una reputación muy grande, pero al final me dejó», comenta.

Patricia no entendía porque si ella tenía que pasar unas pruebas igual que los hombres, no se podía presentar al curso del SAR igual que ellos. «Recuerdo que superé todas las pruebas y logré la plaza. Fui la primera mujer en España en conseguir ser rescatadora del Ejército de Aire«, explica orgullosa la Cabo.

En el momento de hacer un rescate en el helicóptero, ella era la que bajaba a socorrer a las víctimas y era la que les prestaba los primeros auxilios. Hizo sobre una veintena de rescates y tras dos años en el SAR se pasó a la aviación civil. «Era el año 1997 y tenía 21 años. Me presenté a un curso de auxiliar de vuelo y comencé a trabajar en Spanair».

En los 18 años que estuvo en la empresa española viajó por todo el mundo. De todos los lugares que visitó, lo que más le gustó fue la Polinesia Francesa, «aunque tenía morriña de mi tierra». Recuerda con mucha tristeza el accidente del 20 de agosto de 2008 en el aeropuerto de Madrid-Barajas donde fallecieron 154 personas. «El día anterior al accidente yo había viajado en ese avión con tres de las azafatas que fallecieron en el siniestro. Eran amigas mías».

Tras la quiebra de Spanair en el 2012, regresó a Nigrán y cogió el traspaso de la floristería Caprichos, sita en la Av. Val Miñor, 2 Bajo C de Nigrán (986 367 915). «Como me gustaban mucho las flores y el anterior dueño se jubilaba, cogí el traspaso y el próximo 4 de febrero, coincidiendo con mi cumpleaños, hago diez años al frente de la floristería. Estoy muy contenta y ahora no cambio esto por nada. Espero seguir aquí hasta que me jubile«, afirma Patricia Rodríguez rodeada de flores.