Más de tres años llevan los vecinos de Carregal en Tomiño padeciendo una plaga de moscas que les hace imposible el día a día. “Están por todas partes, en la cocina, en el salón, en las habitaciones, en el garaje… Ponemos cintas atrapa moscas y enseguida se llenan. También colocamos mosquiteras en las puertas y ventanas, pero entran igual. Echamos insecticida tres o cuatro veces al día y salimos para no respirarlo, pero al rato ya está otra vez todo lleno de moscas”, explica Jonathan Juanes, uno de los vecinos afectados.
Entienden que están en el rural y que hay moscas, “pero nunca hemos visto nada así. Estamos desesperados, llevamos años con esto y nadie hace nada, nadie nos da soluciones. Hay moscas todo el año, pero a partir de marzo es horrible, aumentan a miles. Nuestros hábitos dependen de las moscas”, señala el afectado por estos insectos.
Se pusieron en contacto con el Concello de Tomiño y les indicaron que tomasen muestras de las moscas para enviarlas a la Universidad de Vigo para analizarlas y poder combatirlas. “Por el momento no nos dan soluciones y ni de dónde vienen. Los vecinos dicen que probablemente se culpa del abono, pero no sabemos”, comenta este vecino de Tomiño que ve como a él y a su pareja esta plaga les afecta a su vida diaria, además de los gastos en productos para combatirlas.
Piden soluciones urgentes a un problema que afecta a todo el lugar. «No se puede vivir así. No podemos dejar nada fuera de la nevera ni de la alacena porque se llena de moscas. Salimos de casa y estamos frotando la cabeza para separarlas. Esto nos afecta psicológicamente. Parece que son ellas las que viven aquí y nosotros somos los intrusos», explica.
A su vecina Erea Barbosa le pasa lo mismo. Vive a penas a unos metros de Jonathan, en casa de sus padres, donde se mudó el año pasado, y no recuerda nada igual. «Esto comenzó en el 2020 pero no había tantas moscas como este año. Avisamos al Concello y nos dijeron que recogiéramos muestras, pero de momento seguimos igual», indica.
Erea está muy preocupada porque tiene un niño de tan solo un año que empieza a gatear. «El pasado viernes el crío cumplió un añito y le hicimos el cumpleaños. Pusimos unos pinchos de tortilla, patatillas etc y empezaron a venir las moscas. En pocos minutos el techo estaba negro y las paredes también. Tuvimos que salir de casa e ir para la finca. Es imposible vivir así. Parece que vivimos nosotros con las moscas, no viven ellas con nosotros», relata.

