La Comunidade de Montes de Couso ha sido reconocida como ejemplo de buenas prácticas en el marco del proyecto europeo GIFT (Green Infrastructure for Forest and Trees), financiado por el programa Interreg Europa, que tiene como objetivo mejorar las políticas regionales de conservación y restauración a través de la cooperación entre países.
Esta participación se formaliza a través de la colaboración con la Consellería de Medio Ambiente, por medio del Instituto de Estudios do Territorio, organismo que facilita la interlocución gallega en el consorcio internacional.
El proyecto incluye a diez socios de países como Eslovenia, Países Bajos, Suecia, Italia, Croacia, Bélgica, Alemania y Letonia, y cada territorio está invitado a replicar una buena práctica de otra región europea, adaptándola a su contexto. Couso fue escogida para replicar una experiencia pionera de restauración ecológica implementada en el condado de Västra Götaland, en Suecia «unha rexión que concentra o 17% da poboación sueca e agrupa 49 concellos».
La práctica seleccionada aborda una problemática ambiental concreta: la ausencia de árboles viejos en los bosques modernos, lo que genera la desaparición de los huecos y cavidades donde habitan organismos esenciales para la biodiversidad, como insectos polinizadores, hongos descomponedores y pequeños vertebrados. Sin estos microhábitats naturales, muchas especies se encuentran en riesgo de extinción.
«A falta de árbores vellas é consecuencia de décadas de explotación forestal intensiva, monocultivos e incendios recorrentes, que romperon os ciclos naturais do bosque galego. A súa ausencia non só empobrece os ecosistemas, senón que diminúe a capacidade dos montes para actuar como sumidoiros de carbono, retedores de auga e espazos de vida multiespecie nun contexto de cambio climático», señalan.
Para acortar la llamada “fenda xeracional” entre árboles nuevos y viejos, Suecia desarrolló un sistema innovador que simula los efectos de la veteranización, sin dañar los ejemplares actuales. Se trata de la instalación de cajas ecológicas de madera, de diferentes capacidades (entre 80 y 1.000 litros), rellenas con materiales orgánicos como lascas, hojas, ramas y humedad. Estas cajas pueden colocarse en el suelo, sobre troncos o en las copas de los árboles, actuando como sustitutos temporales de los huecos naturales.
La Comunidade de Montes de Couso será de las primeras en adaptar esta metodología al contexto gallego, iniciando una fase piloto en su territorio. El objetivo es evaluar la capacidad de estas cajas para favorecer la presencia de organismos que faciliten procesos ecológicos clave como la polinización, la fertilización del suelo o la regeneración de la biodiversidad.
«Este esforzo complementa outras accións emprendidas pola comunidade, como a introdución e recuperación do castiñeiro, unha especie autóctona clave na restauración dos bosques galegos. O castiñeiro non só é un símbolo cultural, senón un aliado ecolóxico: mellora a estrutura do solo, favorece a biodiversidade e proporciona alimento a numerosas especies«, señalan desde la Comunidade de Montes de Couso.
El presidente de la Comunidad de Montes, Xosé Antón Araúxo Rodríguez, destaca que este tipo de iniciativas demuestran que “as comunidades locais, cando contan co apoio institucional e o coñecemento necesario, poden liderar procesos de restauración e innovación ecolóxica con impacto global”.
«As comunidades de montes veciñais en man común, como a de Couso, son hoxe unha peza clave na conservación ambiental de Galicia. Ao manter vivo un saber herdado —un linaxe de custodia territorial transmitido entre xeracións—, estas comunidades combaten o despoboamento, rexeneran ecosistemas degradados e sosteñen un modelo de relación co territorio baseado na cooperación, no respecto e na interdependencia», apuntan
Esta colaboración posiciona a Couso, no sólo como referente gallego en gestión forestal sostenible, sino también como interlocutor europeo en un momento clave, en el que políticas como la nueva Ley de Restauración de la Naturaleza de la UE exigen acciones concretas para recuperar ecosistemas degradados en, como mínimo, el 20% del territorio antes de 2030.
