Verdegaia

El río Couso volvió a sufrir un vertido contaminante en su tramo inicial, provocando que sus aguas permanecieran completamente opacas durante varios días. Gracias a la rápida comunicación entre vecinos de la zona y voluntarios de Verdegaia, fue posible alertar a las autoridades a tiempo, levantar acta de la situación y tomar muestras de la contaminación.

Según Verdegaia, las imágenes del vertido muestran cómo las aguas contenían una alta concentración de partículas suspendidas, que generaron graves efectos ambientales:

  • Impidieron la llegada de luz a las plantas acuáticas.

  • Asfixiaron hábitats al depositarse en el fondo, afectando a organismos que viven en el sedimento.

  • Interrumpieron la alimentación de varias especies acuáticas, sobre todo aquellas que dependen de la claridad del agua para detectar presas o alimentarse de pequeños organismos.

Este tipo de vertidos se repite desde hace varios años -aseguran-, y supuestamente, «provienen de la misma instalación industrial. Sin embargo, suelen ser difíciles de denunciar, ya que muchas veces, cuando se alerta a las autoridades, el estado inicial de contaminación ya ha desaparecido».

Indican que en esta ocasión, la rápida reacción de los vecinos de Couso (Ponteareas) y Cans (O Porriño) permitió documentar y actuar sobre el incidente. Las autoridades y asociaciones ambientales recuerdan la importancia de notificar cualquier actividad lesiva para el medio ambiente cuanto antes, ya sea de forma directa o a través de organizaciones ecologistas en caso de desear anonimato.

Campamento de voluntariado devuelve la vida al río

Como contraste a estos episodios de contaminación, durante estas semanas se desarrolla el Campamento Sendeiros do Louro, con 15 jóvenes de distintas partes de la Península colaborando en la restauración ambiental del río Couso, labor que Verdegaia realiza desde 2023.

Las actividades incluyen retirada de basura, eliminación de especies invasoras y plantación de árboles autóctonos, contribuyendo a devolver el río a su estado natural. Más de 60 voluntarios han participado en estos proyectos durante los últimos dos años, entre vecinos, jóvenes de campamentos y trabajadores de empresas de la comarca, demostrando que la acción comunitaria es clave para proteger los ecosistemas locales.