El futuro de la antigua ETEA da un nuevo paso adelante en Vigo gracias a una inversión clave de la Zona Franca. El alcalde, Abel Caballero, anunció que este organismo asumirá tanto las obras de urbanización del ámbito como la construcción del aparcamiento previsto, con un desembolso que superará los 12 millones de euros, «ante a negativa da Xunta de Galicia a financiar estas actuacións».

El regidor fue especialmente crítico con el Gobierno gallego por no aportar recursos para una actuación que considera esencial para la ciudad. “Desde marzo de 2023 estamos reclamando á Xunta os recursos económicos necesarios para executar a urbanización da ETEA, dado que é un ámbito municipal, e a Xunta dixo que non e que non faría o aparcamento”, recordó Caballero, quien subrayó que este tipo de cooperación interadministrativa es habitual en otros proyectos.

En este sentido, puso como ejemplo la humanización de la Avenida de Madrid, financiada mayoritariamente por el Gobierno de España y ejecutada por el Concello como propietario del suelo. “Este é o procedemento habitual, pero aquí a Xunta decidiu mirar para outro lado”, reprochó.

Ante esta situación, el alcalde valoró de forma muy positiva el papel que están jugando el Concello de Vigo y la Zona Franca para desbloquear el proyecto. “Desde o Concello e a Zona Franca estamos salvando a ETEA”, afirmó, insistiendo en que gracias a esta colaboración se podrá avanzar en la recuperación urbana y social de un espacio estratégico para la ciudad.

La crítica de Caballero a la Xunta se extendió también al ámbito del transporte aéreo. El alcalde acusó al Gobierno gallego de no querer apoyar los vuelos desde el aeropuerto de Vigo, después de que rechazara financiar a tercios la ruta Vigo–Londres junto con la Diputación de Pontevedra. “A Xunta non quere apoiar voos en Vigo”, aseguró, añadiendo que un alto cargo autonómico llegó a reconocer en reuniones internas que se habían fletado vuelos chárter desde el aeropuerto de A Coruña.

Están mentindo”, concluyó el regidor, quien considera que estas decisiones perjudican a Vigo tanto en conectividad como en oportunidades de desarrollo económico y turístico.