Un edicto datado el 16 de febrero de 1942 permite asomarse a la vida social y a las estrictas normas que regían las celebraciones públicas en la posguerra. El documento de hace 84 años, remitido por el Gobernador civil a la «Alcaldía de Tomiño», autorizaba la celebración de bailes en la «Sociedad Recreativa Centro Goyanés», aunque bajo estrictas condiciones.
La autorización, firmada el día 11 de febrero y recibida en el «Ayuntamiento» el 16, concedía permiso al presidente de la entidad para organizar bailes los días 14, 16 y 17 de ese mes. Sin embargo, las limitaciones eran claras, los actos debían celebrarse “exclusivamente para socios y familias” y debían finalizar “a las doce y media de la noche”.
Pero la restricción más significativa afectaba al propio espíritu del Carnaval. El escrito prohibía expresamente “disfraces, dominós u otra clase de anormalidades de Carnaval”, una muestra del control que el régimen ejercía sobre las fiestas tradicionales, consideradas inadecuadas por aquel entonces.
Además, la autorización llevaba ligada una obligación económica, la sociedad debía ingresar 25 pesetas por cada día de baile “como donativo para fines de beneficencia particular” en el Gobierno civil. En total, 75 pesetas que, en plena posguerra, suponían una cantidad nada desdeñable.
Este documento colgado en las redes sociales del Centro Goianés constituye hoy un pequeño testimonio documental de cómo, incluso en el ámbito local, las celebraciones estaban sometidas a autorización previa, vigilancia y limitaciones.
