Las playas y zonas rocosas de las Islas Cíes, Ons, Sálvora y, en menor medida, Cortegada, se han convertido en los últimos días en el escenario de un fenómeno tan llamativo como poco habitual: la llegada masiva de miles de pequeños cangrejos conocidos comunmente como “patexos”.
Este crustáceo, denominado científicamente Polybius henslowii, ha aparecido arrastrado por la marea hasta la orilla, generando una imagen impactante que ha sorprendido tanto a visitantes como a vecinos. Aunque en castellano se le conoce como cangrejo patudo, es su nombre gallego —patexo, pateiro, patelo o patulate— el que domina en el litoral.
Desde el Parque Nacional Illas Atlánticas explican que se trata de un “afloramiento masivo completamente natural”, provocado por una combinación de factores ambientales. Entre ellos destacan el aumento de las temperaturas y los vientos del norte propios de la primavera y el verano, que favorecen el desplazamiento de estos animales hacia la costa.
A diferencia de otros cangrejos, el patexo es un excelente nadador migratorio que vive en grandes grupos en mar abierto, lo que facilita su acumulación en grandes cantidades. Además, su propia naturaleza juega en su contra, son ligeros y frágiles, por lo que las corrientes y el viento los arrastran con facilidad hasta quedar varados en la orilla.
Más allá de su impacto visual, los expertos subrayan que se trata de una especie de enorme valor ambiental. Los patexos constituyen una pieza clave en la cadena trófica marina de Galicia, siendo alimento fundamental para peces como sargos, lubinas o maragotas, así como para numerosas aves marinas.
De hecho, la presencia de bandadas de gaviotas o cormoranes en alta mar suele ser un indicio claro, se están alimentando de grandes concentraciones de patexos.
La relación del ser humano con este pequeño crustáceo también ha evolucionado con el tiempo. En el pasado, al no tener valor comercial, se recogía en grandes cantidades para su uso como abono natural en la agricultura. Hoy, sin embargo, se ha convertido en un recurso apreciado como cebo en la pesca deportiva y profesional.
Como curiosidad, su nombre científico rinde homenaje a John Stevens Henslow, botánico y mentor de Charles Darwin, lo que añade un matiz histórico a este fenómeno natural que, por unos días, ha convertido las costas gallegas en un espectáculo único.
