La tercera edición de A Rosegha finalizó como terminan las citas que funcionan: sin kits para los niños, sin plazas libres en el volanteiro y sin un hueco alrededor de la piscina de navegación. Cientos de personas pasaron entre el sábado y el domingo por la carpa del puerto de A Guarda, en la edición más concurrida de las tres celebradas hasta ahora por la Asociación Piueiro.
Los números del festival cuentan la historia solos. Los kits infantiles de los talleres de návoas y arcilla se agotaron antes de lo previsto, con las mesas llenas de niños en todas las sesiones. Las plazas para navegar en el volanteiro Piueiro, la embarcación tradicional recuperada por la asociación, quedaron completas en todos los turnos del sábado y del domingo. Y la piscina de navegación registró un lleno absoluto de la mañana a la noche, con la navegación nocturna del sábado manteniendo público en la carpa pasada la medianoche. Las charlas y presentaciones de libros, con la vela latina, los barcos de vapor y la Nao cetácea como protagonistas, acercaron además a un público que no siempre se aproxima al modelismo.
Desde la Asociación Piueiro subrayan que lo más valioso no son los números, sino quién está detrás de ellos: vecinos de todas las edades, modelistas llegados de otros puntos de Galicia y de Portugal y familias que hicieron del puerto su plan de fin de semana. Hubo sitio para quien lleva décadas construyendo barcos a escala y para quien botó al agua su primera návoa.
El colectivo agradece la implicación del voluntariado, que sostuvo la programación durante todo el fin de semana, así como la respuesta de los vecinos y el apoyo del Concello de A Guarda y de la Diputación de Pontevedra, imprescindibles para levantar una cita de estas dimensiones.
Con la tercera edición cerrada, la organización ya mira a la de 2027. El reto, apuntan, no es crecer por crecer, sino seguir haciendo compatible la dimensión que va tomando el festival con su carácter familiar y participativo. Si algo ha demostrado este fin de semana es que en A Guarda la memoria del mar no se guarda en una vitrina: se echa al agua.
