La filóloga y escritora Rexina Vega participó hoy en el VIII Curso de verano de oncología integrativa de la USC y Talaso Atlántico donde relató su propio proceso como enferma de cáncer y reclamó que “es necesario humanizar los hospitales de día para los enfermos de cáncer”.

Vega contó que “los espacios donde se da la quimioterapia son lugares donde la sensación de miedo es continua”, señaló. “El cáncer te hace dejar de ser quien eras antes del diagnóstico. Estamos vivos pero no del todo”, añadió. Vega adelantó durante su intervención en el curso de verano algunas partes de su próximo libro, Lázara, que saldrá a la venta en septiembre.

La escritora estuvo acompañada durante su intervención por Francisco Gil Moncayo, jefe de servicio de Psicooncología del Instituto Catalán de Oncología, y por Pilar Lianes, oncóloga y vicepresidenta del Patronato Fundación Oncosur. Gil defendió libros como el de Vega y literatura que ayude a validar la experiencia que viven los enfermos de cáncer, frente a los llamados libros de autoayuda que Gil señaló, “no recomiendo para estos pacientes”.

Varios de los expertos que intervinieron esta mañana en el curso de verano celebrado en Talaso Atlántico, pusieron algunos ejemplos de servicios de atención más humanizados como el proyecto liderado por Fran Román Losada, presidente del Comité de Cuidados de Enfermería oncohematológica donde la unidad móvil Q-Hemob se desplaza a domicilios y centros de salud para evitar que estos pacientes se tengan que desplazar a entornos hospitalarios, más rígidos y menos íntimos. “Nosotros debemos acercarnos al paciente y no al contrario”, defendió Román. Este servicio, puesto en marcha desde 2025 permite además, como explicó el enfermero “que la comunicación con el paciente sea, de lejos, más efectiva porque no se encuentran en un entorno hospitalario, donde la vulnerabilidad es más baja”.

Otro ejemplo sobre humanización en pacientes con cáncer fue el caso expuesto por las enfermeras Yolanda García y Carmen Reguera, en el Hospital de día del Álvaro Cunqueiro donde se desarrolló un protocolo específico para administrar las sesiones de quimioterapia a un paciente de 18 años con TEA, donde un equipo multidisciplinar, y con el fin de reducir la ansiedad y lograr la adherencia al tratamiento, puso en marcha  una sistema de comunicación adaptada al paciente. “Para conseguir esto creamos un circuito de atención preferente, disminuyendo los viajes a centros sanitarios y siempre le atendía la misma enfermera en un espacio lo más personal posible donde debía estar las seis horas de cada sesión, una situación muy complicada para una persona con TEA”.