El Concello de Nigrán conmemora este 16 de octubre, como cada año, el 90 aniversario de los trágicos asesinatos conocidos como ‘A Volta dos Nove’, uno de los episodios más dolorosos de la represión franquista en el Val Miñor.

El acto tuvo lugar en el Xardín da Memoria de Panxón, donde familiares de los represaliados y concejales participaron en una ofrenda floral ante el monumento y guardaron un minuto de silencio en recuerdo de las víctimas.

El espacio memorial, inaugurado en 2016, cuenta con una escultura de piedra en la que figuran nueve cruces, en referencia a los nueve vecinos asesinados. El conjunto se completa con placas que recogen los nombres de los fallecidos y de sus mujeres, así como el de Dolores Samuelle, asesinada por ayudar a ‘Os Ineses’, los hermanos republicanos que fueron víctimas de la violencia política en aquellos días de octubre de 1936.

Los hechos que dieron origen a esta tragedia se produjeron en la noche del 15 al 16 de octubre de 1936, cuando nueve vecinos del Val Miñor —cinco de ellos de Panxón— fueron ejecutados por falangistas como represalia por lo ocurrido el día anterior en Sabarís.

Cuando durante el asalto de las fuerzas nacionales a la vivienda de los hermanos republicanos conocidos como ‘Os Ineses’, murieron los dos hermanos, su asistenta, Dolores Samuelle, y también uno de los falangistas que participó en la operación.

Horas después, los partidarios del golpe de Estado acudieron a la prisión del Frontón, en Vigo, donde permanecían detenidos nueve vecinos del Val Miñor. Los sacaron de la cárcel y los fusilaron en la curva de A Bombardeira, en Baiona, en una acción de venganza por los sucesos de Sabarís.

El recuerdo de los asesinados permaneció vivo durante décadas en el lugar de los fusilamientos. Durante más de 40 años, nueve cruces aparecieron pintadas en la curva de A Bombardeira como homenaje a los fallecidos. Aunque las autoridades las borraban y buscaban minuciosamente a sus autores, las cruces volvían a aparecer una y otra vez.

Aquel gesto persistente se convirtió en una forma de mantener viva la memoria de las víctimas, pese a los intentos de eliminar cualquier rastro de lo sucedido.

En la actualidad, el lugar se ha consolidado como un espacio de recuerdo y reconocimiento. Las nueve cruces se conservan ahora impresas, como testimonio de aquellos acontecimientos y homenaje permanente a quienes perdieron la vida en octubre de 1936.