ALFREDO

Como cada segundo domingo de agosto, A Guarda volvió a rendir homenaje a una de sus tradiciones más emblemáticas: el Domingo do Monte. El ritual centenario se repitió un año más, atrayendo a miles de personas procedentes de distintos puntos de Galicia, del resto del país e incluso del extranjero, que se dieron cita en el Monte Santa Trega para celebrar el día grande de las Festas do Monte.

Desde primera hora de la mañana, los devotos comenzaron la ancestral romería. La Alameda de la villa marinera se convirtió en el punto de encuentro para las diferentes bandas, que lucían coloridos trajes y banderas, y que iniciaron la subida al Trega cargados con bombos, vino y, sobre todo, con ganas de fiesta.

Tras la tradicional comida campestre, llegó el turno de la conocida troulada, con grupo de gaitas y bailes para disfrutar de la jornada dominical. Uno de los momentos más simbólicos de la jornada fueron los juramentos que realizan los miembros de las bandas, dedicados a personas concretas: marineros en alta mar, mujeres embarazadas o seres queridos ya fallecidos, manteniendo así vivo el componente emotivo de la fiesta.

Hacia las ocho de la tarde, las bandas iniciaron el descenso al Montiño, donde la celebración continuó hasta las nueve de la noche, para prolongarse después por las calles de A Guarda. Allí, cientos de vecinos y visitantes esperaban con cámaras y teléfonos móviles para inmortalizar el momento, cerrando así una edición más de esta fiesta única que combina tradición, música y un inigualable espíritu comunitario.