Las velas de las viejas gamelas volvieron a izarse este domingo en el puerto de A Guarda. Fue el gesto que mejor resumió el fin de semana: las embarcaciones de los antiguos gameleiros levantadas de nuevo ante cientos de ojos, mientras el Grupo de Gaitas del Club de Jubilados y Pensionistas ponía música a una explanada que llevaba dos días sin vaciarse.
La jornada de cierre arrancó por la mañana con los últimos turnos de navegación y con los talleres de arcilla y návoas, que desde las 11.00 horas volvieron a llenar las mesas de niños. Fue la imagen que se repitió durante todo el fin de semana: los más pequeños construyendo sus primeros barcos a unos metros de las maquetas con las que otros llevan media vida trabajando. Ese cruce de generaciones es, seguramente, lo que mejor explica lo que A Rosegha significa para la villa y para toda Galicia.
Antes, en la madrugada del sábado al domingo, la carpa vivió uno de los momentos más singulares del festival: la navegación nocturna, con las maquetas surcando el agua pasada la medianoche y el puerto en silencio alrededor. Una estampa que ya se ha convertido en marca de la casa y que cada año gana público.
La entrega de premios, a las 13.00 horas, puso el punto final a la programación y reconoció el trabajo de los modelistas participantes en las distintas categorías de navegación, de los barcos de guerra a la vela tradicional, la pesca y la maniobra.
Desde la Asociación Piueiro despiden esta tercera edición con el convencimiento de que A Rosegha ya no es una apuesta, sino una realidad consolidada. El colectivo agradece la implicación del voluntariado, la respuesta de los vecinos y el apoyo del Concello de A Guarda y de la Diputación de Pontevedra, sin los que sería imposible levantar una cita de estas dimensiones.
El puerto recupera desde mañana su rutina. Las maquetas vuelven a los talleres, las návoas a las manos que las hicieron y las velas de las gamelas a su descanso. A Rosegha queda fondeada, que no parada, hasta el verano de 2027.


