ALFREDO

Cientos de personas acudieron este domingo a presenciar el primer curro de la temporada en Galicia. Esta rapa, la primera que se celebra post covid y sin restricciones de público, reunió en A Valga tradición y fiesta alrededor del caballo de A Groba.

El espectáculo etnográfico más antiguo de Galicia se vivió con expectación y mucho calor en Oia. Más de 320 caballos y unos 60 potros reunió este año el curro de A Valga, que se celebra cada segundo domingo de mayo. “Pouco a pouco estamos recuperando a festa despois do covid. Unha tradición que non podemos perder e que reuniu este ano a centos de persoas que xa votaban de menos esta celebración. Este ano tiñamos postos de polbo, churrasco e ata xeados”, señaló José Fernández Martínez, presidente de la asociación de ganaderos del Curro da Valga. Estos resultados les permiten ser optimistas ya que su prioridad es conseguir mantener una cabaña de caballos salvajes única en el mundo.

Los ganaderos se concentraron a primera hora de la mañana en los montes de Oia y O Rosal. Tras toda una jornada matinal de búsqueda de los equinos criados en libertad en las sierras de O Galiñeiro y A Groba, las burras o garranos comenzaron a entrar en el recinto a las cinco de la tarde. Los ganaderos, lazo en mano, entraron en el curro para coger las “burras” que después desparasitan, les cortan las crines y las marcan a fuego. A los potros, además de marcarlos, se le implantan un chip.

“Estamos moi contentos de que a xente viñera o curro, a mirar este espectáculo ancestral único no mundo”, indicó José Fernández Martínez. Al final de la jornada se contabilizaron un total de 320 burras y 60 potros. El próximo curro será en Torroña, el primer fin de semana de junio y después el de Mougás, el siguiente domingo.