La Cofradía de Pescadores La Anunciada celebrará este domingo 13 de julio un emotivo homenaje a sus miembros más veteranos: el marinero Laureano Rodríguez Ratel y la mariscadora María Fernández Juste.
El acto tendrá lugar tras los actos litúrgicos de las fiestas de la Virgen del Carmen, patrona del mar, y servirá para reconocer públicamente décadas de trabajo, esfuerzo y dedicación al mar de estas dos figuras imprescindibles de la historia marinera de Baiona.
Laureano Rodríguez Ratel, “Lano”, 90 años de mar y vida
Nacido en Baiona el 13 de febrero de 1935, Laureano Rodríguez Ratel, más conocido como “Lano”, es un verdadero emblema del mar. Hijo de una familia humilde de albañiles, el tercero de ocho hermanos, empezó su relación con el mar a la temprana edad de 10 años, a bordo de la lancha Lolita, pescando congrio por la costa de Baredo y Silleiro.
Con apenas 12 años ya era marinero a bordo del José Ángel, pescando sardina, jurel y palometa, llegando a faenar incluso hasta Algeciras. La dureza de la vida en el mar marcó su juventud, interrumpida sólo por el servicio militar que cumplió en Cádiz durante dos años, tras un viaje en tren de carbón que duró cuatro días y cuatro noches.
En 1960 contrajo matrimonio con Esmerilda Denis Carneiro, con quien formó una gran familia de tres hijos, Lani, Celsi y María Jesús, que le dieron 6 nietos, Abraham, Jesús, Sandra, Rubén, Andrea y Pedro y un biznieto. Pescador incansable, trabajó en barcos como el Erizana, el Virgen del Carmen y el María Santos. En 1954 vivió uno de los momentos más tensos de su carrera cuando una vía de agua amenazó con hundir el buque Día durante una campaña de merluza. «La Virgen del Carmen nos acompañaba», recuerda con emoción. También anduvo en una barcaza sacando arena en A Foz (Nigrán), A Guarda y Goián.
Además de pescador, fue albañil, jardinero y chatarrero. Nunca se tomó vacaciones, pero hoy disfruta de su jubilación rodeado de su familia, cuidando a sus nietos y visitando a diario el puerto de Baiona para compartir recuerdos con los amigos de toda una vida. “Estoy muy bien de salud, nunca fumé ni bebí vino. Así me conservo tan bien”, bromea con su característico sentido del humor.
María Fernández Juste, la mariscadora que soñaba con almejas
Nacida el 14 de enero de 1938 en Nigrán, María Fernández Juste lleva el mar en la sangre. Hija de una familia marinera, fue la quinta de ocho hermanos y comenzó a mariscar con solo 10 años, recogiendo berberechos en A Foz antes de ir a la escuela. De aquellos años duros, recuerda con cariño las recetas que hacían con lo que recogían, «tortillas de berberechos con cebolla y pimientos, además de mejillones al vapor o a la sartén».
Desde muy joven alternó las labores del campo con el cuidado de los animales y los trabajos del hogar. A los 20 años se casó con Ángel Rouco Granja, también marinero, con quien tuvo cuatro hijos, José Ángel, Javier (marinero también), Ricardo y María de los Ángeles, que le dieron un nieto, Adrián. La vida no fue fácil: su marido pasaba largas temporadas en el mar, y ella tuvo que hacer de «madre y padre, sacando adelante a mi familia con coraje«, recuerda.
Durante décadas mariscó en A Foz, en Playa América y en otras zonas de la ría, centrada en la almeja, el berberecho y la cadelucha. Obtuvo su permiso oficial como mariscadora a través de la Cofradía de Pescadores de Baiona, y se mantuvo activa hasta el año 2003, cuando se jubiló con 66 años. “Yo no quería, pero me obligaron a hacerlo. Llevé un disgusto muy grande cuando no me dejaron seguir trabajando, hasta soñaba con ir a la playa a mariscar, soñaba con las almejas”, confiesa con nostalgia.
Hoy, viuda y rodeada del cariño de sus hijos, sigue activa en su finca, plantando patatas y cuidando su huerta. Aficionada al Celta y con la misma energía de siempre, María es el reflejo de una generación que lo dio todo por el mar y por su familia.
