ALFREDO // Teresa y Juan Carlos en la parrilada O Colmenar da Subiada

Este domingo 21 de septiembre, la parrillada “O Colmenar da Subiada”, uno de los locales más emblemáticos de Couso, Gondomar, cerrará definitivamente sus puertas tras casi tres décadas de historia. El cierre no se debe a la falta de clientes, todo lo contrario, sino a la jubilación de sus propietarios, Teresa Rodríguez y Juan Carlos Gómez, y a la imposibilidad de encontrar personal que permita dar continuidad al negocio familiar.

Corría el año 1995 cuando Teresa y Juan Carlos heredaron una casa de piedra prácticamente en ruinas en el corazón de Couso. “Herdamos unha casa con só catro paredes e un día decidimos restaurala, pero sen unha idea de nada do que queríamos montar”, recuerdan. Durante los fines de semana, iban poco a poco reformando el lugar, sin prisa pero sin pausa.

En agosto de 1997, abrieron las puertas de la parrillada que bautizaron como “O Colmenar da Subiada”, un nombre cargado de historia familiar. “Aquí chegou a haber máis de 100 colmeas de abellas que eran nosas e o terreo era a finca da Subiada, de aí o nome”, explican.

Desde el primer día, “O Colmenar da Subiada” fue un negocio familiar. Teresa y Juan Carlos en la cocina, sus hijos Rubén y Diego y una sobrina atendiendo mesas y terraza. “Sempre fomos a familia, e os extras o fin de semana. Pola semana eramos cinco, e no verán chegamos a ser 14”, cuentan. Rubén y Diego, ahora con 32 y 36 años, crecieron entre fogones, pero actualmente trabajan en otros sectores y no seguirán con el restaurante.

En sus mejores años, el local llegaba a tener más de 150 personas comiendo a la vez, con colas en la puerta. La clave, dicen, fue ofrecer calidad a buen precio. “Ofrecemos practicamente o básico, e sempre o mesmo: zorza, orella, calamares, polbo, empanada… e despois, chuletas, churrasco de porcoe tenreira, picaña, picantón…”. Comida sencilla, bien hecha, en un entorno espectacular, con aparcamiento amplio y espacio para que los niños jueguen.

Tras 28 años de esfuerzo y jornadas interminables, “entrabamos ás nove da mañá e saíamos ás tres ou catro da mañá todos os días”, la pareja ha decidido jubilarse. Pero no solo eso, el cierre también llega por la falta de relevo generacional y la dificultad para encontrar trabajadores.

“Os nosos fillos non poden ocuparse de todo e non hai xente para traballar. Os camareiros están dous días aquí e marchan e déixante colgado. A nova xeración non quere traballar as fins de semana. A falta de persoal tamén influíu no peche, foi a gota que colmou o vaso”, lamentan.

En los últimos días, han vivido una auténtica ola de cariño de sus clientes. “Publicamos nas redes sociais que pechabamos e os clientes están vindo todos os días a despedirse. Ese é o máis bonito que nos pode pasar. Non o faríamos todo ben, pero algo ben faríamos”, dicen, visiblemente emocionados. Algunos de esos clientes los acompañan desde el primer día. “Hai bastante xente que ao final é como da familia”, reconocen.

Entre risas, recuerdan una anécdota reciente que define bien el espíritu del lugar. “Chegaron uns señores cunha reserva para 13 persoas, pero non chamaran aquí, chamaran ao Colmenar, pero de Ávila. Ao final, esperaron un pouco, comeron, e marcharon encantados da vida”.

Teresa y Juan Carlos celebrarán el próximo 15 de octubre 40 años de casados. Ahora, con la parrillada cerrada, piensan dedicar tiempo al merecido descanso, aunque seguirán activos en sus fincas. “Por sorte ou por desgraza temos bastantes fincas e hai que coidalas e limpalas”, dicen.

Para ellos, el balance es claro, “non nos podemos queixar. Tivemos moita clientela fiel, enchíamos o local sempre, e todo iso sen estar nin no centro de Baiona nin en Gondomar”. Cierran con un mensaje sencillo, pero lleno de emoción. “Grazas de todo corazón a todos os clientes que viñeron durante estes anos.”

Este domingo, se apaga el fuego de una parrillada que deja mucho más que brasas encendidas, deja una historia de trabajo, familia y cariño en cada plato servido.