Hay conciertos que se disfrutan y otros que se viven. Lo de Deep Purple en el Auditorio de Castrelos fue de los segundos. En una noche de verano marcada por el calor y con miles de personas ocupando cada rincón del auditorio vigués, la legendaria banda británica demostró que el paso del tiempo no ha mermado ni un ápice su capacidad para emocionar y hacer vibrar al público.
La gira de presentación de Splat! recaló en Vigo con una mezcla perfecta de nostalgia y presente. Lejos de limitarse a vivir de su extraordinario legado, Deep Purple dejó claro que sigue teniendo mucho que decir. Ian Gillan mantuvo el control del escenario desde el primer momento.
Su voz conserva la personalidad suficiente para seguir poniendo la piel de gallina cuando afronta los grandes clásicos. A su lado, Roger Glover sostuvo el concierto con la solidez de quien lleva más de medio siglo marcando el pulso de una de las bandas más influyentes de la historia del hard rock.
Las nuevas canciones encontraron un hueco natural en el repertorio. Según el propio Gillan, el álbum recupera la energía y la dinámica de discos que dieron vida a himnos como Highway Star o Smoke on the Water, y esa intención se percibe claramente sobre el escenario.
Pero si algo distingue a Deep Purple sigue siendo su capacidad para convertir cada concierto en una conversación entre músicos. Los largos desarrollos instrumentales fueron recibidos con auténtica devoción por un público que disfrutó de cada solo, de cada intercambio y de cada improvisación.
Bastaron las primeras notas de Smoke on the Water para que Castrelos se transformara en un gigantesco coro. Miles de voces acompañaron uno de los riffs más reconocibles de la historia de la música mientras el auditorio se iluminaba con teléfonos móviles y manos levantadas.
Lo que ocurrió en Castrelos fue mucho más que un concierto de una banda histórica. Fue la demostración de que Deep Purple sigue disfrutando sobre un escenario y de que esa complicidad continúa siendo contagiosa.
No hubo artificios ni necesidad de grandes efectos visuales. Bastaron las canciones, la experiencia acumulada durante décadas y el talento de unos músicos que siguen defendiendo el hard rock con una honestidad admirable.
Deep Purple volvió a demostrar en Vigo que algunas leyendas no solo resisten el paso del tiempo, siguen siendo capaces de hacer historia cada vez que suben a un escenario.
