ALFREDO // Vicent con algunos de sus cuchillos fabricados en As Eiras

En As Eiras, O Rosal, el sonido del martillo sobre el acero marca el ritmo de un oficio artesanal que cada vez despierta más interés. Allí trabaja Vincent Henry, un artesano francés especializado en la fabricación de cuchillos de acero de Damasco que recibe a aficionados llegados de distintos puntos de Galicia para enseñarles a forjar sus propias piezas. Muchos acuden atraídos por el programa de televisión «Forjado a fuego», que ha acercado la cuchillería artesanal al gran público.

A sus 41 años, Henry ha recorrido un camino poco convencional hasta instalarse en Galicia. Nació en el norte de Francia, en una zona montañosa próxima a las fronteras de Alemania y Suiza, y comenzó a trabajar a los 16 años como aprendiz de chapista y pintor. Tras obtener su formación profesional, pasó por distintos empleos antes de decidir que quería conocer mundo.

«Tengo sueños de ver el mundo», recuerda al explicar por qué, con apenas 20 años, hizo las maletas rumbo a Australia, pese a no dominar el inglés ni conocer prácticamente nada del país.

Su primera aventura australiana duró entre seis y siete meses. Trabajó en plantaciones de plátanos, piscifactorías y campos de patatas y tomates, mientras se desplazaba de un lugar a otro en busca de empleo. Después regresó a Francia, donde encadenó trabajos para ahorrar y volver a viajar. Nepal, India y otros destinos del sureste asiático formaron parte de una etapa en la que llegó a visitar 40 países en diez años.

Durante uno de sus viajes por la India descubrió la joyería artesanal gracias a un francés que trabajaba la plata. Se interesó por la técnica, adquirió herramientas y piedras en Nueva Delhi y comenzó a fabricar pequeñas piezas que vendía a otros viajeros para financiar sus desplazamientos.

Aquel aprendizaje autodidacta acabaría marcando su trayectoria profesional. En uno de sus regresos a Francia fue desarrollando su propio estilo, alternando la fabricación de joyas con otros empleos. Su llegada a Galicia estuvo vinculada a su pareja, natural de Figueiró, en Tomiño, a quien conoció en la India a finales de 2011.

La pareja terminó estableciéndose en As Eiras, en la casa de los abuelos de ella, donde Henry fue dando forma a su taller. Primero trabajó en proyectos diversos, como la restauración de un Seat 600 y la instalación de una pequeña fundición de metales para la joyería. Poco a poco, aquella actividad evolucionó hacia la forja, una disciplina que llevaba años queriendo explorar.

Con herramientas sencillas, una vieja lima, unas pinzas, una radial y un improvisado yunque construido con un trozo de raíl de tren, comenzó a fabricar sus primeros cuchillos. Aunque realiza distintos tipos de piezas, su especialidad son los cuchillos de cocina de inspiración japonesa, además de cuchillos de monte, herramientas para trabajar el cuero, cortapizzas y otras piezas que requieren un filo.

Una parte importante de su producción se basa en el acero de Damasco, conocido por los dibujos que aparecen en su superficie. Henry fabrica este material mediante la unión y el plegado de capas de distintos aceros, uno de ellos con níquel, que generan contrastes de color. «Yo suelo trabajar con entre 100, 200, 300 capas de acero», explica el artesano.

El proceso parte de varias pletinas que se calientan, se sueldan, se estiran, se cortan y se vuelven a apilar para multiplicar el número de capas. El resultado es un material con un característico patrón visual que requiere un trabajo minucioso de forja y acabado.

Henry también trabaja con acero al carbono, que permite conseguir filos muy finos y duraderos, aunque exige un mantenimiento cuidadoso para evitar la oxidación. El acero que utiliza lo adquiere a proveedores, principalmente en Francia, donde encuentra mejores precios para el volumen de material que necesita.

La fabricación de cuchillos a medida sigue siendo una parte de su actividad, pero los cursos de forja se han convertido en una de sus principales fuentes de trabajo, gracias al interés que despierta el programa «Forjado a fuego».

La propuesta de Henry permite que personas sin experiencia previa se acerquen al oficio y se lleven a casa una pieza hecha con sus propias manos. Durante el curso de un día, los participantes diseñan el cuchillo con la orientación del artesano, que les explica qué es posible realizar en el tiempo disponible y qué limitaciones técnicas deben tener en cuenta.

La mañana se dedica principalmente al trabajo en la fragua, a dar forma al acero y a preparar y realizar el tratamiento térmico, incluido el templado de la hoja. Después de comer, con la comida incluida en la actividad, llega el turno de los últimos detalles, desbastar, colocar el mango, afilar y rematar el cuchillo. «La gente forja su propio cuchillo a partir de una pletina de acero y se va por la noche a casa con su cuchillo acabado», resume Henry.

Además del curso introductorio, ofrece modalidades de dos y tres días centradas en el acero de Damasco. En ellas, los participantes fabrican primero el propio material y trabajan después en piezas que requieren más tiempo, como cuchillos de cocina de mayor tamaño o diseños más elaborados.

El perfil de los asistentes es variado, aunque abundan los seguidores de «Forjado a fuego» que quieren experimentar en primera persona el proceso que ven en televisión. También llegan visitantes que descubren el taller mientras buscan actividades en la zona durante sus vacaciones.

La experiencia se adapta incluso a los más jóvenes. Hace unos días, Henry recibió a una niña de nueve años y a su hermano de siete, acompañados por su abuela. En su caso, la actividad consistió en una primera aproximación al trabajo con el martillo, adaptada a su edad y a sus posibilidades.

La venta de cuchillos y los encargos personalizados continúan formando parte del negocio, aunque las restricciones de algunas plataformas digitales para comercializar cuchillos han complicado su presencia en tiendas en línea. Los cursos, por su parte, permiten acercar un oficio especializado a un público más amplio.

Quienes quieran conocer sus piezas o reservar una experiencia pueden consultar la página web del artesano, donde los productos están organizados por categorías y se detallan las distintas modalidades de formación.

En su taller de As Eiras, Henry combina así su trayectoria viajera, el aprendizaje autodidacta y la tradición de la forja para ofrecer una actividad en la que los visitantes no se limitan a observar, aprenden el proceso, trabajan el metal y terminan la jornada con un cuchillo fabricado por ellos mismos.