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El Mecalia Atlético Guardés suma una de cal. Las de Ana Seabra volvieron a caer este martes en Villava, en su visita a un Replasa Beti-Onak que se impuso como local y parece seguir resistiéndole al equipo miñoto. Aunque el inicio fue prometedor, el Mecalia pecó de 20 minutos sin anotar entre el ecuador de la primera parte y el inicio de la segunda que lastraron su partido, mientras las anfitrionas lo duplicaban en goles.

Una remontada que redujo la renta a tan solo dos tantos daba esperanzas en el minuto 40, pero 11 pérdidas de balón, junto con el desacierto en el lanzamiento y la defensa de la portería de Patricia Encinas y Olaia Luzuriaga hicieron imposible puntuar a las guardesas (24-19). Amandine Balzinc y sus 15 paradas, lo más destacable entre las filas miñotas, que este martes notaron su falta de efectivos al solo estar 12 desplazadas, dada la ausencia de Ceci Cacheda que sigue recuperándose de una dolorosa rotura del labio.

El primer gol llegó de la mano de Mica Casasola desde los nueve metros, algo antes del segundo minuto de juego. El partido ofrecía un ritmo elevado desde el comienzo, con ambos equipos corriendo mucho y apretando tanto en defensa como en ataque. El Guardés tomó nota e imitó la estrategia para sortear la barrera local, y pronto llegó la igualdad en el luminoso y comenzó a ser difícil seguir el ritmo (2-2, min. 4).

Elena Martínez anotó de penalti y puso a las suyas por delante por primera vez poco después. Sin embargo, varias decisiones precipitadas llevaron a perder el balón en momentos clave para confirmar esa superioridad, por lo que las tablas persistieron durante varios minutos (4-4, min. 8). Las de Ana Seabra tendrían que mantener la mente fría en los largos compases que quedaban todavía por delante si querían llevarse los dos puntos de vuelta a casa.

Y esa era la misión, aunque no sería sencilla. Otro de Martínez desde bien lejos de la portería volvía a la renta mínima guardesa, y a partir de aquí las jugadoras de Beti-Onak se convirtieron en auténticas sombras de las gallegas. No había aire para respirar entre ambos equipos, atentos por igual a cada movimiento que pudiesen aprovechar de cara a la red rival: cada detalle podía ser crucial para el resultado. Todavía era pronto para pensar en el final, y los esfuerzos de las visitantes se centraron en remar para abrir el máximo hueco posible, lo que el segundo penalti de la lateral mislateña conseguía ya más cerca del ecuador de esta primera mitad (4-6, min. 11).

Pero pronto volvió la igualdad, pues las anfitrionas no pondrían tan fácil la victoria en Villava. El Beti asestó, aunque menos frenético, un parcial 2-0 que devolvía el partido al empate, y Ana Seabra solicitaba parar el tiempo por primera vez en todo el partido, con la intención de redirigir el trabajo de las suyas hacia aguas más seguras (6-6, min. 14).

El resultado no fue el deseado, pues aunque las guardesas volvieron a la pista con un prometedor acierto de Ania Ramos que volvía a hacerlas liderar, las de Miguel Exteberria reaccionaron con extremo acierto y encadenaron hasta tres goles seguidos que abrían ahora hueco a su favor. La psicología comenzó a afectar al Guardés, que pecaba ahora de un desacierto en el lanzamiento repentino que le privó de recuperarse, tanto al instante como en general, de una crecida local que campaba a sus anchas (9-7, min. 21). Tampoco lo ponía nada sencillo la portería navarra, pues Patricia Encinas contaba ya seis paradas bajo palos, mientras Olaia Luzuriaga apareció para frenar dos oportunidades guardesas clave desde los siete metros.

Seis eran también ya las pérdidas de las de Ana Seabra, que regalaron hasta dos ocasiones más a un Beti que se alejaba peligrosamente en el marcador (11-7, min. 26). No pudo recuperarse ya el Guardés en lo que restó de primera parte, cayendo en picado fruto de una gravísima sequía de goles que se remontaba hasta el minuto 15, lo que implicaba una ausencia total de acierto ofensivo en toda la segunda mitad de esta primera parte y un 9-1 demoledor (13-7, min. 30). La situación y mentalidad en el equipo gallego debía dar un giro de 180 grados en los vestuarios si quería tener alguna opción de cara al triunfo.

Pero no fue así, pues la segunda parte se inauguró con cuatro pérdidas más de balones guardeses y un nuevo acierto de las locales, que ya duplicaban los goles de las primeras (14-7, min. 35). Saltaban las alarmas en un Guardés donde no parecía funcionar nada, con un ataque completamente bloqueado y una defensa que tampoco estaba ofreciendo muchos recursos. Nada, a excepción de los reflejos de Amandine Balzinc, con siete paradas que hacían control de daños.

Despertó entonces la plantilla del Mecalia y pudo encadenar dos goles, los primeros en 20 minutos, que le dieron algo de aire por fin (14-9, min. 38), aunque no sin seguir pecando de un desacierto que le hizo desaprovechar otro par de oportunidades que habrían sido importantes. Sin embargo, lo importante fue que las de Ana Seabra siguieron remando y creciendo hasta, de la mano de otro tanto de María Sancha y de las aportaciones de Amandine Balzinc, bien bajo palos bien a portería vacía, reducir la distancia de manera significativa (14-11, min. 39). En apenas diez minutos, el visitante había logrado responder con un parcial 4-0 que obligaba a Etxeberria a pedir el tiempo muerto.

De manera sorprendente, los papeles se intercambiaron por un momento en el Hermanos Indurain, y fue el Beti quien sumó minutos muy importantes sin golear mientras su rival crecía. La defensa miñota incrementó la presión y se hizo con algún que otro balón más que, gracias al ataque a siete, acabó en la red local desprotegida.

No respiraron las navarras hasta casi el ecuador de la segunda parte, anotando por primera vez desde el descanso para recuperar la diferencia de tres goles, incrementada a cuatro por el penalti de Casasola inmediatamente posterior (16-12, min. 44). El encuentro no bajó el ritmo en ningún momento, con ambos equipos muy conscientes de que no podrían confiarse hasta el final. Pues en apenas minutos, el anfitrión había replicado con un 3-0 que volvía a abrir un hueco muy complejo de salvar (17-12, min. 47).

A falta de diez minutos, aunque la balanza comenzaba a inclinarse hacia el lado del Beti-Onak, el Guardés todavía veía posible una segunda remontada para puntuar. Lo planificó Seabra llamando al tiempo muerto en el minuto 50, justo cuando las locales conseguían abrir ese abismo un poquito más (19-13).

La fórmula estaba clara: presionar hasta el final sin nada que perder. Así lo hizo la defensa visitante, desesperada por rascar algún balón que la ayudase a escalar la montaña del marcador. Y lo consiguió, aumentando el ritmo de goles con respecto a su rival de forma significativa, de la mano de una Balzinc completamente centrada en la misión que acumuló 15 paradas en los 60 minutos de juego. Pero también cedió la barrera guardesa más de lo necesario, concediendo a la ofensiva visitante huecos y penaltis que no podía permitirse. Finalmente, las anfitrionas igualaron la presión para ofrecer la misma dureza que en la primera mitad y llevarse los dos puntos gracias a una diferencia de cinco goles (24-19, final).

La plantilla del Guardés, más corta todavía al no poder contar con Cecilia Cacheda después de su rotura de labio hace dos fines de semana en Valladolid, sucumbe al ritmo del calendario y vuelve a caer, pero con la mirada puesta ya en los siguientes peldaños y en el camino al play-off.

Crónica: Elena García