El obispo de Tui-Vigo, Monseñor Antonio Valín

Vigo vivirá una de las celebraciones religiosas más significativas del calendario litúrgico con motivo del Corpus Christi, una festividad que reunirá a fieles, comunidades religiosas, cofradías y asociaciones eucarísticas en torno a la tradicional procesión por las calles del centro urbano.

El obispo de la diócesis de Tui-Vigo, monseñor Antonio Valín, presidirá la Misa solemne que tendrá lugar a las 20:00 horas en la concatedral-basílica de Santa María de Vigo. Una vez finalizada la eucaristía, dará comienzo la tradicional procesión del Santísimo Sacramento por distintas calles de la ciudad.

Uno de los momentos más destacados del recorrido será, como es habitual, la bendición de los mares desde la calle Concepción Arenal, un acto cargado de simbolismo para una ciudad estrechamente vinculada al mar y a la actividad pesquera.

Desde la diócesis de Tui-Vigo se ha realizado una invitación expresa a sacerdotes, comunidades religiosas, asociaciones eucarísticas, cofradías y fieles para participar en esta celebración. El vicario general de la diócesis ha recordado que el Corpus Christi constituye una oportunidad para manifestar públicamente la fe cristiana y fortalecer la devoción al Santísimo Sacramento.

La Vicaría subraya que esta festividad representa “una ocasión para que los católicos renueven su devoción al Santísimo Sacramento y den testimonio público de su fe”, animando a la participación conjunta de toda la comunidad católica viguesa.

La solemnidad del Corpus coincide además con la celebración del Día de la Caridad, una jornada en la que la Iglesia pone el foco en las personas más vulnerables y en el compromiso social de los creyentes.

En su mensaje para este año, los obispos de la Conferencia Episcopal Española invitan a reflexionar sobre las situaciones de sufrimiento e injusticia presentes en la sociedad.

Bajo el lema “Alzar la mirada para encontrarse con la paz de Cristo”, los prelados destacan la necesidad de mirar a quienes padecen exclusión, violencia o pobreza, recordando que la fe y la solidaridad deben caminar de la mano.