Hay profesores que enseñan matemáticas, ciencias, literatura o inglés. Y luego están los que enseñan a no rendirse. José Manuel Moras Fuente pertenece a este segundo grupo.
Después de 23 años al frente de la Academia Arela de Baiona, José Manuel se jubila dejando atrás mucho más que una academia. Deja generaciones enteras de estudiantes, cientos de historias personales y el recuerdo imborrable de alguien que, durante más de dos décadas, fue refugio, apoyo y guía para miles de jóvenes de O Val Miñor y O Baixo Miño.
Nacido en Madrid y licenciado en Matemáticas, llegó a Galicia por trabajo. Fue en Santiago de Compostela donde conoció a Rocío, su mujer, natural de O Porriño. Tras casarse, ambos se trasladaron a vivir a Baiona, donde comenzarían una aventura que acabaría marcando la vida educativa del municipio.
Al principio, José Manuel recorría las parroquias dando clases particulares a domicilio. Baredo, Belesar, Baíña… “Iba con el coche de una casa a otra”, recuerda. Pero el boca a boca hizo el resto. Cada vez tenía más alumnos y menos horas libres. Fue entonces cuando Rocío le propuso abrir una academia.
Así nació Arela, el 1 de julio de 2003, en un pequeño local de la Praza de Santa Liberata, a los pies de la iglesia. Comenzaron aquel verano con medio centenar de alumnos preparando los exámenes de septiembre. Lo que parecía un proyecto modesto terminó convirtiéndose en una referencia educativa para toda la comarca.
Diez años después tuvieron que mudarse porque el local se había quedado pequeño. Desde 2013, la academia continuó creciendo en la calle Marqués de Quintanar, donde Arela ha permanecido hasta hoy.
La jubilación llega ahora por edad, pero también con cierta tristeza. El local cambiará de uso y no será posible dar continuidad al proyecto. Laura, la profesora que lo acompañó en los últimos años y que estaba dispuesta a continuar con la academia, tampoco podrá hacerlo.
Pese a todo, José Manuel no quiere marcharse sin terminar el curso. Seguirá ayudando a sus alumnos hasta los exámenes de junio porque, asegura, “no puedo dejarlos tirados”.
Pero si algo emociona al escucharlo no son las cifras ni los años. Son las historias. Porque durante más de dos décadas pasaron por Arela más de 2.500 alumnos. Niños que comenzaron en primaria y acabaron la universidad. Ingenieros, médicos, enfermeras, matemáticos o directivos que todavía hoy regresan a saludar a quien fue mucho más que un profesor.
Sin embargo, cuando se le pregunta por lo más importante que ha hecho como profesor, José Manuel no habla de carreras brillantes ni de expedientes académicos. Habla de chavales a los que ayudó a salir de la droga.
Recuerda especialmente los años en los que muchos jóvenes se perdían durante los veranos, arrastrados por malas compañías y adicciones. “Cogías a un chaval brillante en junio y en septiembre era otra persona”, explica.
Con paciencia, conversaciones y mucha implicación personal, consiguió junto con su mujer Rocío y varias familias recuperar a muchos de ellos. “Lo más importante que he hecho en mi vida ha sido sacar a gente de la droga”, afirma emocionado. Calcula que ayudó directamente a una decena de jóvenes a reconducir su vida. Hoy algunos son ingenieros, profesionales cualificados y adultos plenamente integrados.
José Manuel nunca buscó protagonismo. Siempre habla desde la humildad. Dice que solo intentaba convencer a los alumnos de que podían salir adelante cuando ellos mismos dejaban de creer en sí mismos.
El pasado jueves 14 de mayo, ex alumnos de la academia le hicieron una fiesta de despedida a la que asistió el alcalde de Baiona, Jesús Vázquez Almuíña, y en el que se vivieron momentos muy emotivos recordando tiempos pasados.
Ahora, después de una vida dedicada a enseñar, quiere descansar. Pasear. Mirar el mar desde el Paseo Pinzón y disfrutar de una jubilación tranquila.
Pero Baiona difícilmente olvidará a ese profesor madrileño que llegó casi por casualidad y acabó convirtiéndose en una parte imprescindible de la vida de cientos de familias. Porque hay maestros que explican fórmulas. Y otros que ayudan a reconstruir personas. José Manuel Moras hizo ambas cosas.

