Los molinos de agua existen desde los romanos, aunque una sociedad esclavista como esa, no los potenciaron mucho. En España comienzan a extenderse con los árabes, instalando las aceñas en los grandes ríos, luego, en la Edad Media, los pequeños conocidos como bastardos, por no pertenecer a los señores de la Iglesia.

«Camiño dos frades», el antiguo paso por donde accedían los monjes de Santa María de Oia, para llegar al monasterio a orilla del mar, conocido por «Camiño do Carro», aquel por donde subían para transportar tojo, maíz o harina, pueden mirarse las impresionantes marcas que con el paso del tiempo fueron dejando las ruedas, formadas por tres piezas de madera reforzadas de hierro.

Cada once de noviembre pisan por esa vía los romeros de San Martiño, con la capilla en el «Campo do Couto», un poco más en la cima, santuario siempre vinculado a la familia Acevedo de Fornelos.

A lo largo de la historia, son muchos los pintores que trasladaron a las telas la temática de la molinada. Vicent Van Gogh, durante su estancia en Neumen, entre 1883 y 1885, había pintado el Molino de Agua en Gennep, un verdadero reto para el artista, tanto por su tamaño, como por haber sido plasmado a cielo abierto con el frío de noviembre de 1884.

En Galicia fue Xavier Pousa, inolvidable de Goián e integrante de los «Artistiñas» del Volter, en la Calle de Os Eironciños en Ourense, quien trasladara a las telas el molino de Zamáns, en las faldas del Monte Galiñeiro y el que fuera su maestro, Antonio Fernández de Goián, pintó uno en Loureza.

Un homenaje a los pintores de todo los tiempos que se interesaron por esta temática y para dar a conocer los molinos de O Folón e do Picón a través de la pintura, fueron invitados artistas reconocidos de la Península para pintar los paisajes de la molienda y realizar una exposición itinerante por el Camino Portugués, desde Lisboa a Santiago de Compostela, los más próximo a este enclave, en el triángulo sur galaico y montes de O Rosal.

Antonio Abad, desde Tui; Verónica Alcacer, conocida plásticamente como «La Niña Vero», de Burgos; Ana Cancela, de Meaño; Xulio Fontes, de Forxán, tierra de Quintela de Leirado, Ourense;  Virxinia Palacios, Vigo; Margarita Forteza, Palma de Mallorca; Waldirene Fraga, Brasil, residente en Pontevedra; Orlanda Gómes, con cuna en Portugal,, estuvo muchos años en Venezuela y residió en O Baixo Miño y  ahora en la capital de Lugo; Marietta Quessada, con casa en Nigrán; Puri del Palacio, Vigo; Diana Cordero, Vigo; Álex Médez, Cuba; Lucía Corrochano, Talavera de la Reina, Toledo; Jorge Andrés Serrano, A Coruña, residente en Pontevedra; Daniel Manfredi, francés con estudio en Aranda de Duero, Burgos; Xosé García Miranda, Vigo; Ánxeles Jorreto, Vigo;  Manuel Cerviño, Bueu; Agustín Bastón, Cangas de Morrazo;  Irene Parga Todoroff, Arteixo, A Coruña; Amelia Palacios, Pontevedra; Álex Vázquez, Pontevedra; Carlos Padín, Vigo;  Ana P. Serres, Sevilla; Galia Blanco, Pontevedra; David Quinteiro, Donas, Gondomar;  Conchi Cuadrado, Nigrán; Camilo Caamaño, Cangas de O Morrazo, Miro Carballo, así como el arquitecto Mauro Lomba.

Así, la Casa de los Alonso de A Guarda, acoge una exposición de pintura sobre los molinos comisariada por el rosaleiro Manuel Estévez, el mismo que invitó a todos los artistas a visitar el entorno para que trasladarán a las tenerlas este lugar único, que se podrá visitar hasta el 13 de mayo en horarios de 9:00 a 14:00 horas. «Es un homenaje a dos figuras relevantes, el inolvidable maño, José Antonio Labordeta, y el muiñeiro, Nemesio Castro, de Martín, alma mater de este entorno», indica el artista.