Fermín y Rosa, toda una vida dedicada al mar
BANDALLO // Fermín y Rosa, los marineros homenajeados este año en Baiona

La Cofradía de Pescadores la Anunciada de Baiona, homenajea cada año al marinero y a la mariscadora más veteranos de la villa con motivo de la festividad del Carmen. Este año el galardón recayó en Fermín Miguel Pousa y Rosa Granja.

Fermín Miguel Pousa nació hace 89 años en el seno de una familia marinera. A los 12 años embarcó en la gamela de su abuelo. “Salíamos a pescar en una gamela a remo. Andábamos al Racú para pescar la faneca, al besugo y al pachán por la costa de Cabo Silleiro, Oia y Sanxián. Lo que pescábamos lo llevábamos en burro a vender al mercado de Gondomar”, comentó con nostalgia el viejo marinero.

Aún con el mar en sus venas, este marinero baionés sale todos los días a pasear desde su casa en O Burgo, donde vive con sus hijas y nietos, hasta el puerto pesquero para recordar viejos tiempos con otros marineros. “Echo de menos los días de faena en el mar”. En 1972 construye el “Nuevo Migueliño”. Faenaba con palangre al congrio por la costa de Corrubedo, para luego vender las capturas en O Berbes, (Vigo).

El mar le ha dado muchas satisfacciones pero también algún que otro susto. Un día de niebla ponen rumbo a Aldán. Al llegar a las Estelas chocan con un barco de arrastre. “Nos envistió en la obra muerta de la embarcación y afortunadamente no fuimos a fondo ni tampoco sufrimos heridas” relató Pousa.

Fermín, ya viudo, se retiró a los 70 años tras casi 60 dedicado al mar. “Era mi vida. Ahora sólo me quedan los recuerdos”, concluyó melancólico el baionés.

Junto con Fermín, también es homenajeada Rosa Granja Pérez. A punto de cumplir los 90 años, esta perceberia de Baredo aún derrocha alegría. Relata con mucha simpatía toda una vida como mariscadora. “Comencé a los 15 años. Íbamos a pie de Baredo hasta Perdornes (Oia), donde dormíamos en chabolas para al día siguiente madrugar y faenar al percebe. Todo lo que capturábamos lo llevábamos en el tranvía al Berbes. Otras veces lo cocíamos y lo llevaba al mercado a Gondomar, donde sacaba una 13 pesetas por cada dos kilos” comentó Rosa.

Tras emigrar a Alemania, donde trabajó en una fábrica metalúrgica, Rosa regresa a Baiona. Plantó árboles en Oia y se dedicó al percebe y al argazo. “Íbamos con carros de vacas hasta el puerto de Ridosos, en As Mariñas (Oia) para coger argazo que después vendíamos”.

Tras toda una vida dedica al mar, se retiró en 1992 a los 65 años. Ahora, viuda, hace pasatiempos, como cruzadas o sopa de letras. Lee revistas, juega a las cartas y disfruta de las verbenas y de los actos culturales.