Gondomar produce las esponjas más saludables del mundo
ALFREDO // Patricia Pérez en la plantación de esponjas vegetales que tiene en Vilaza

Patricia Pérez es una gondomareña de 37 años con visión de futuro. En el 2009 la crisis le obligó a cerrar su negocio de peluquería y estética. Pero la ganas de triunfar en la vida le han empujado a crear hace año y medio la empresa de esponjas naturales “Luffaderm”.

“La Luffa es una planta trepadora de la misma familia que el calabacín, pero con la particularidad de que, además de que se pueden comer, sus frutos son usados como esponjas vegetales”, comenta Patricia en su casa de Vilaza.

Sus suegros cultivaban la planta en O Rosal y después del verano, regalaban las esponjas entre los vecinos, familiares y amigos. Ahí es donde el empresaria vio su futuro. “Todo el mundo pedía más cada año. Tenía mucha demanda. Entonces vinos que esto era un negocio y montamos “Luffaderm”. Estaba en el paro, algo tenía que hacer y como teníamos una finca de 7.000 metros cuadrados entre Vilaza y Vincios montamos la empresa”, asegura la gondomareña. 

Pero no fue tan fácil. Las trabas burocráticas se complicaron un poco ya que la esponja vegetal no es un producto cosmético ni tampoco una fruta. “Hemos tenido que pedir un montón de licencias, de invernadero, de sanidad. Al principio no querían darnos la licencia pero al final, después de tanto luchar, lo conseguimos”, señala Pérez.

La planta se muere todos los años y hay que plantarla de nuevo con las semillas del año anterior. Cuando recogen la planta se seca y las semillas se guardan para el próximo año. Se planta en mayo y después del verano se recoge. Necesita calor y mucho agua. “Se recoge semanalmente a partir de septiembre, porque no maduran todas al mismo tiempo. Se mira en el peso, cuanto menos pesa quiere decir que el fruto está maduro. Al principio es verde, luego torna amarillento y después marrón”, indica.

Tras la recogida del fruto se pela como el maíz y queda la esponja. Se lava una semana con agua, sin ningún producto químico, y luego se pone a secar unos tres días colgadas a la sombra. Tras este proceso, viene la elaboración, “las cortamos a la mediada de lo que queremos, sobre 15 cm. De alguna sacamos dos. Las prensamos, las abrimos y hacemos las manoplas y los discos faciales”, afirma Patricia.

La “Luffa” es una planta procedente de Centro América que se adaptó a nuestro clima. “Si pedimos semillas allá se mueren. Ahora estamos trabajando en la elaboración de jabones terapéuticos para celulitis o para la retención. Esta esponja es ideal para enfermedades de la piel como soriasis o dermatitis gracias a la sustancia que genera la propia planta ”, asegura.

Todos estos productos están a la venta en su página web y el negocio arranca con fuerza. También se vende en tiendas de Gondomar, Baiona, Nigrán o Vigo y en casas rurales. “En dos años ya tenemos clientes en Portugal y América”, concluye la empresaria.

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