Más de 35.500 hectáreas de monte se han calcinado este fin de semana. El terrorismo incendiario se ensañó con Galicia. Cientos de incendios descontrolados recorrían la comunidad de norte a sur y de oeste a este. Los “asesinos”, perfectamente organizados, esquilmaron sin piedad nuestros montes dejando tras de sí desolación y cuatro víctimas mortales.

Todo comenzaba el sábado a las 22:30 horas en Oia. Un incendio forestal se iniciaba en el lugar llamado O Forno. La virulencia de las llamas hizo desalojar dos casas. Los servicios de extinción de incendio se afanaban por apagar unas llamas alimentadas por la sequía y el fuerte viento. Tras su extinción, nadie podía imaginar lo que vendría después.

Sobre las dos de la madrugada, se originaba otro incendio en Morgadáns. Mientras los montes de la Virgen de la Roca volvían a ser el domingo, a las ocho de la mañana, escenario del pasto de las llamas. No había bomberos, estaban en Morgadáns. Los vecinos, armados con mangueras intentaban a pagarlo. Rodeaba la Virgen de la Roca. El humo impedía ver su ornamentación. Poco a poco se acercaba peligrosamente al hotel Rompeolas y a un depósito de propano. La Guardia Civil y la Policía Local de Baiona y Nigrán cortaban la carretera PO-552. Llega el GES de O Val Miñor y contrala la situación.

Pero lo peor llegó por la tarde. Vincios comenzaba a arder. Tras la parroquia gondomareña, le seguían Baiona y Chandebrito, la que se llevó la peor parte. Según el alcalde de Gondomar, Paco Ferreira, en Vincios se desalojaron a más de 2.000 personas. Vecinos y servicios de emergencia intentaban con lo que podían apagar el fuego y salvar las casas. El pueblo era un hervidero de personas llegadas de todas partes.

Todo O Val Miñor estaba asediado por el fuego y el humo. Los servicios de extinción no daban abasto. La ayuda llegaba con cuenta gotas. Gente llorando y gritando de impotencia. La Policía Nacional de Vigo recibió ordenes de desalojar Chandebrito. Temieron por sus vidas. Algunos incluso llegaron a llamar a sus familias para despedirse. En una misiva relataban el infierno en el que se convirtió el lugar. “Hubo compañeros que desenfundaron el arma para morir sin sufrir” narraba la carta.

Y llegó la tragedia. Dos personas, Angelina y Maximina, fallecían al intentar huir del horror. Una muerte horrible provocada por la mano del hombre, por los “asesinos incendiarios”. La noche se hacia larga, muy larga y triste.

Pero el esfuerzo de Carlos, Ana, Pedro, Alfonso, Óscar, Andrés, Jaime, Teresa, Andrea, Susana, Alfredo, David, Dani, Fernando, Bea….. de voluntarios, de vecinos, de bomberos, de policías, de guardia civiles, de amigos, de familiares y de cientos de personas anónimas, se consiguió mitigar el fuego que lo devoró todo a su paso.

Gracias, una vez más, al pueblo gallego, que unido, demostró su fuerza. Gracias Galicia.