Jesús Barra, un marinero retirado de 86 años de Baiona, ha encontrado una forma de revivir sus recuerdos en el mar creando réplicas de los barcos en los que navegó. A los 12 años comenzó a faenar junto a su padre Luis en una gamela a remos, y a los 14 años, tras dejar los estudios porque había que llevar el sustento a casa, se fue a trabajar embarcado con Pepe O Caringa.
Después de cumplir con el servicio militar en Ferrol y Marín, en 1952 y con 22 años se fue a la pesca del bacalao a Terranova. «Las campañas eran de cuatro a seis meses y muy duras, con temperaturas bajo cero, olas enormes y el sueldo era muy pobre», recuerda el viejo marinero. Con el tiempo se convirtió en contramaestre arreglando redes y realizando mantenimiento de barcos en Sudáfrica para Eduardo Vieira, donde pasó unos 25 años de su vida.
En la década de los 60, Jesús se casó con Delia, «el mejor día de mi vida», asegura. Juntos tuvieron tres hijos y, tras una larga carrera en la marina mercante alemana, donde recorrió el mundo durante nueve años, regresó a la pesca hasta su jubilación en 1993 con 55 años. “Ya no trabajé más y me dediqué a cuidar de mis nietos”, indica el baionés.
Hace un par de años que Jesús encontró un nuevo hobby que le ha permitido conectar con su pasado marinero, la construcción de réplicas de barcos en los que navegó, además de veleros o barcos de pesca. «Mi padre ya hacía barcos. Hizo varias veces el Juan Sebastián El Cano, así que esto es un homenaje a su legado», comenta. A pesar de no ser carpintero, se considera un «manitas» y disfruta de cada momento que pasa en su taller. Con herramientas como trenchas, martillos y sierras, da forma a la madera que busca en carpinterías, guiándose por fotografías de los barcos que desea tallar.
Jesús crea dos tipos de barcos, unos macizos, que esculpe con paciencia, y otros huecos, reforzados con separadores de madera. Cada modelo requiere entre 15 días y un mes de trabajo, dependiendo de su complejidad. Hasta la fecha, ha construido alrededor de 15 barcos de entre 80 y 60 cm, todos ellos completamente artesanales y trabajados a mano.
La primera maqueta que hizo fue el «Tulipán», un barco que se encuentra en el fondo del mar en el Gran Sol. También recuerda con cariño el «Antares», un carguero en el que sufrió un naufragio en el Triángulo de las Bermudas el día de Navidad de 1978, aunque afortunadamente no se hundió.
Pero antes de ponerse manos a la obra, primero le ayuda a su mujer en las tareas de casa, «limpio, paso la aspiradora, pongo la lavadora, cuelgo la ropa, y luego me pongo con el barco», explica el jubilado. Además de su pasión por la construcción de barcos a escala, Jesús ha decidido donar el dinero recaudado por la venta de sus réplicas a Santa Mariña de Baíña.

