ALFREDO // En el centro de la imagen la hermana de Paul, Emmalee, a la izquierda su marido y a la derecha Secundino Vicente

La conmovedora historia de Paul Nichols nos emocionó a todos. El joven surfista falleció a los 35 años como consecuencia de una fatal caída cuando practicaba surf en Florida. Como su última voluntad era la de seguir navegando por el mundo, su familia repartió sus cenizas en varias mini botellas, las arrojó al mar en marzo del 2020 y una de ellas llegó en enero del pasado año a la costa de Oia.

Secundino Vicente fue el vecino de Mougás que encontró el frasco en Punta da Centinela cuando daba un paseo. Había recorrido en tres años más de 6.500 km desde la costa americana hasta la gallega surcando el Océano Atlántico. En su interior había billetes de dos dólares, un mensaje y un pequeño tubo de plástico de unos 5 cm con las cenizas del joven surfista.

El mensaje indicaba que se esparciesen sus restos al mar donde se halló la botella. Y eso fue lo que hizo Secundino, así «parte de sus restos descansan para siempre en la costa de Oia«, indicaba por entonces. Además, emplazaba al receptor de la misiva a que la botella se colgase en la pared de un bar de playa, en este caso en la tapería restaurante A Camboa de Oia, «para ser un simpático fantasma de chiringuito con el que se puedan hacer fotos».

Ahora, la hermana de Paul, Emmalee Nichols, y su marido, han visitado Oia para conocer el altar y el lugar de la costa donde descansan los restos del surfista. «Estamos muy emocionados con todo esto. Nunca pensamos que las cenizas de mi hermano cruzarían el Atlántico. No tenemos más que palabras de agradecimiento a todo el mundo, sobre todo a Secundino, que fue quien encontró la botella«, indicó muy emocionada Emmalee.

La primera parada obligada fue en el restaurante tapería A Camboa de Oia, donde está la vitrina sobre un hórreo de piedra con la botella, el mensaje y los recortes de prensa. Un altar en honor a su hermano que recibe decenas de visitas al año, donde la gente se hace fotos y que es un punto de encuentro obligado para surfistas de la zona. «Es maravilloso ver lo bien que han tratado a mi hermano. Este pequeño altar es un precioso homenaje a Paul, estoy segura que le gustaría. Mi familia, y sobre todo su hija Zoe, estaremos eternamente agradecidos por todo esto», explicó Emmalee abrazada a su marido sin apartar la mirada de la botella que arrojó al mar su padre en Cabo Cañaveral.

Tras conocer el entorno del Monasterio y del puerto de Oia, la pareja se acercó hasta Punta da Centinela, el lugar donde Secundino halló la botella. Fue una visita privada e intima que quedará grabada para siempre en el corazón de Emmalee, la hermana de Paul.

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