El Templo Votivo del Mar en Panxón acogió, el pasado sábado 11 de julio, la tradicional Ofrenda del Mar a la virgen del Carmen, patrona de los marineros, que, en esta ocasión, realizó Enrique Fernández, antiguo alumno de la primera promoción del orfanato nacional «Virgen del Carmen» de Panxón. La celebración estuvo presidida por el obispo de Tui-Vigo y promotor de Stella Maris en España, monseñor Antonio Valín Valdés.

En el marco del L aniversario de la cesión y traspaso de la Obra del Mar al Instituto Social de la Marina y por el centenario del descubrimiento del arco visigótico, la gente del mar se reunió ante la icónica imagen de la virgen del Carmen de Panxón. En representación de todos los «huérfanos del mar», Enrique Fernández expresó que el orfanato nacional «Virgen del Carmen», primera institución de este tipo en España, «fue nuestro segundo hogar, nuestra segunda familia, aunque, también debo decirlo, en ciertos casos, era la única casa y la única familia».

Para quienes eran «arrancados de la figura paterna», como expresó el oferente, «la virgen del Carmen era la patrona de nuestros padres, pero para nosotros era una desconocida». Con el paso del tiempo, «vamos creciendo y comprendiendo, y no se trata de creer o no creer, sino de aferrarse en la soledad a la necesidad de sobrevivir, aferrarse a una esperanza de salir adelante. Esa fe, esa ansiedad, ese sentimiento, tiene nombre de mujer, alguien con quien ya no discutimos, simplemente hablamos, alguien a quien acudimos para rogar, pedir o rezar, ese alguien es nuestra Madre Espiritual».

Enrique Fernández finalizó la ofrenda «mostrando toda nuestra gratitud y eterna devoción a nuestra querida Virgen del Carmen, Reina de los Mares y Madre de sus Huérfanos. Gracias Señora».

El obispo de Tui-Vigo, monseñor Antonio Valín, respondió a esta ofrenda exhortando a los presentes a ofrecer su compromiso inquebrantable con las gentes del mar: «que nuestra ofrenda sea un compromiso con las gentes del mar, con sus familias, con los que hacen del mar su vida y con los que perdieron la vida en él. Que sea un compromiso con los que sienten la soledad en la lejanía, la incerteza de la espera —tantas veces en situaciones inhumanas y de violencia—, la fragilidad que deja la necesidad de un abrazo y la presencia que no siempre llega». Finalizaba su intervención agradeciendo a quienes «luchan en su quehacer diario, por visibilizar esta realidad y acompañarla, comprometiéndose con ella»; especialmente, agradeció la silenciosa labor, tantas veces desconocida, de Stella Maris, «faro encendido para tantos marineros y sus familias».

Este homenaje de las gentes del mar finalizó con un momento de adoración eucarística, seguido de la bendición de los mares con el Santísimo sacramento desde la puerta del templo; una bendición para proteger a todas esas personas que viven del mar, así como a sus familias que sufren la soledad y ausencia que provoca al arduo trabajo en el sector marítimo.

Fue en el año 1939, cuando el templo votivo de Panxón celebró, por vez primera, la Ofrenda del Mar que, además de ser un homenaje de las cuatro marinas —la armada, la mercante, la flota pesquera y la deportiva— a la Virgen, se ha convertido en una oportunidad para resaltar el papel de los marinos y visibilizar los graves problemas que afectan a sus vidas y familias. La Iglesia universal refuerza la conmemoración del «Día de las gentes del mar» que se celebra todos los años, el 16 de julio, haciéndolo coincidir con la fiesta católica de la virgen del Carmen.

Desde 1944, tras la Asamblea Nacional del Apostolado del Mar que tuvo lugar en Bilbao, la diócesis de Tui-Vigo ha sido un referente para toda España en la defensa y protección de los derechos del marino, gracias a la labor desarrollada en el cuidado de los trabajadores y las familias que dependen del mar.