ALFREDO // Pili Gondo con algunas de sus obras

Pilar Coello, más conocida como Pili Gondo en el Facebook, o como le llaman sus nietos, la “Superabuela”, es una vecina de Donas, Gondomar, de 62 años que lleva cinco creando bebés reborn que sirven de terapia contra la demencia. De su horno ya han salido más de 70 obras de arte que son casi humanas que no vende y que sólo los dona a quienes lo necesitan, como a residencias, a niños cuyos padres no pueden comprarles muñecas o a alguna amiga con depresión.

Pilar comenzó su labor hace cinco años cuando su hija Bibi le regaló su primer bebé reborn. “Hasta lloré, porque es una ternura. Es una sensación enorme, y ahí comenzó mi locura que aún no acabó.”, desvela. Aficionada a las manualidades, su hija y su marido le regalaron un equipo de trabajo e hizo viendo tutoriales de YouTube su primer reborn “al que le quemé una oreja, como era el primero. Luego lo renové. De los errores también se aprende”, reconoce.

La afición de Pili se convirtió en terapia para ella misma. Un accidente de tráfico postró a su marido en una silla y necesita cuidados las 24 horas del día. “Él se sienta en el sofá a ver la tele y yo me encierro en mi taller a trabajar con los bebés. Para mí es una terapia. Me cambia el mundo, me relaja y desconecto”, asegura.

Como le gusta investigar y aprender, en plena pandemia hizo varios cursos online de pelo pintado, de técnicas avanzadas o de bebés asiáticos y mulatos, con los que aprendió nuevas técnicas que le sirvieron para mejorar los muñecos de vinilo. “Los primeros bebés estaban como pálidos, tenía miedo ponerle mucha pintura. Las arugas no estaban bien definidas y poco a poco con la experiencia le vas dando forma humana real”, reseña Pili Gondo.

La fabricación es muy cara (cada muñeco supera los cien euros) y compleja, un sólo bebé le puede llevar casi un mes unas 5 o 6 horas diarias. “Es un proceso largo pero muy bonito, y que al final tiene su recompensa”, señala. Pili donó hace dos años a la residencia Serge Bellavista de Nigrán uno de sus bebés reborn. “La sensación que sentí no se puede expresar. Ver a las abuelas con el bebé en el regazo besándolo y cantándole nanas o a un señor mayor diciendo que él quería ser el padrino, es una felicidad tan grande que no lo puedo expresar. Tengo que seguir con este proyecto porque sirve de terapia contra la demencia”, indica emocionada la gondomareña, quien ya regaló otra de sus obras a la misma residencia.

Los beneficios de la interacción son múltiples y es una técnica emocional que apacigua y ayuda a satisfacer carencias de personas con demencia. Los muñecos son su terapia. Los usuarios de la residencia los ven como niños que tienen que cuidar y entonces los calma y les ayuda a tranquilizarse. Son capaces de transmitir emociones porque les despiertan roles que han tenido e instintos innatos de cuidado”, explican desde la residencia de Priegue.

Cada uno de sus tres hijos y nueve nietos tiene un bebé de la factoría Pili Gondo. También los regala a personas con Alzhéimer, con demencia, o con depresión. “Las personas que lo tiene los cuidan como si fuera un bebé real. Le compran ropa, los acuestan y me mandan fotos. Es una alegría inmensa ver como disfrutan con ellos”, finaliza

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