ALFREDO // Suso Carpente en el Monte Real Club de Yates de Baiona

Hace cuatro años que la vida de Suso Carpente cambió para siempre. Este vigués de 60 años perdió el brazo izquierdo y la pierna derecha en un trágico accidente de moto en la AG-57, a la altura de Sabarís, Baiona. Como era la Arribada, cogió la autopista para ir a su casa en Vigo. Cuando estaba adelantando a un coche, el conductor se echó a la izquierda y lo aplastó contra el quitamiedos. Pero lejos de tirar la toalla, Suso cogió el toro por los cuernos y se enfrentó a la cruda realidad de vivir sin dos de sus miembros.

La vida me cambió radicalmente. Me jubilaron de un trabajo que me encantaba. Era maestro mecánico en la Escuela Naval Militar de Marín. Llevaba el taller de mantenimiento y lo tuve que dejar porque necesito ayuda para todo, aunque gracias a mi familia y a mis amigos, lo llevo mejor”, asegura el vigués.

A Suso siempre le han gustado los deportes. Participó en el campeonato galego de enduro, hizo windsurf durante mucho tiempo y fue monitor de parapente hace 30 años con la escuela Nortada de Oia, deporte que practica de vez en cuando. “Mi discapacidad no me impide nadar todas las mañanas, ni tampoco jugar al pingpong ni a la petanca con los amigos”, explica el deportista.

Otra de sus grandes pasiones es la vela, deporte que realiza una vez al año gracias a los cursos de vela adaptada del Monte Real Club de Yates de Baiona. “Una vez al año disfruto de la navegación. El barco está acondicionado para manejarlo yo. Tiene un volante en vez de un timón. La vela mayor la llevo yo y la vela de adelante la maneja el proel. Salimos a navegar por la bahía y disfruto mucho del viaje”, indica.

A pesar de sus esfuerzos, el deportista no puede valerse por sí mismo y necesita gente para que le ayude en el día a día. “Necesito a alguien para que me ayude a cocinar. Hago algo en casa, las camas o así, pero poco más. Se ha creado un grupo a mi alrededor de familiares y amigos para ayudarme, les doy trabajo, y a cambio, les doy vidilla”, afirma el antiguo monitor de parapente quien declara que “mi lema es siempre adelante, sino qué voy a hacer, deprimirme, no, de eso nada. Mis amigos y mi familia me ayudan y no me va mal”.

Vela adaptada:

El Monte Real Club de Yates de Baiona es un referente en el mundo de la vela inclusiva de Galicia al cumplir siete años de actividad en su escuela de vela adaptada, por la que pasan un centenar de personas con diversidad funcional en igualdad de condiciones.

Suso es uno de los que se han beneficiado este año de esta actividad y espera repetir cuando vuelva a ponerse en marcha. Esta escuela tiene el objetivo de acercar a las personas con algún tipo de discapacidad el mundo de la vela, ofreciéndoles la posibilidad de navegar en igualdad de condiciones.

Para las personas con discapacidades físicas o intelectuales, el Monte Real cuenta con una flota de seis veleros del modelo Figa Beneteau, en las que los navegantes, acompañados por patrones del club, pueden conocer de primera mano las claves de la navegación, además de poder participar en las maniobras que se realizan a bordo.

Para las personas con discapacidades físicas, el club adquirió, gracias al apoyo de la Fundación Repsol, varios Gos 16, unos barcos accesibles, estables, seguros y de fácil manejo, en los que los tripulantes van sobre asientos ergonómicos desde los que tienen un acceso total para controlar la embarcación. Este año asumió además el reto de ayudar a personas con trastornos graves de conducta. El primer paso fue ofrecer una salida al mar de un grupo de alumnos del Centro de Educación Especial de Panxón con edades comprendidas entre los 10 los 17 años.