ALFREDO // Secundino con las cenizas en el lugar donde encontró la botella

La costa de Oia no deja de deparar sorpresas. El pasado sábado, 21 de enero, Secundino Vicente estaba dando un paseo por las piedras del mar en la zona de A Centinela, As Mariñas, cuando se encontró una mini botella de whisky recubierta con espuma de poliuretano verde para protegerla de golpes, y envuelta con un billete de dos dólares y un pequeño papel, ambos plastificados.

«Me llamó la atención y la cogí. El papel tenía la dirección del remitente. Procedía de Atlanta, Georgia (USA) con un mensaje que ponía en inglés “ábreme” y el número 44, que era el número de la botella, osea, que había al menos otras 43 botellas más repartidas por el mundo», explica este vecino de Mougás de 59 años.

La sorpresa fue mayúscula cuando abrió el pequeño frasco que sirvió de transporte para un mensaje que partió en marzo del 2020 y recorrió miles de kilómetros flotando por el Océano Atlántico. «Dentro había otro mensaje, además de un pequeño tubo de plástico trasparente de unos 5 cm con un tapón en cada punta. En un principio pensé que si era droga, pero al leer la nota ya me dí cuenta de que no, eran las cenizas de una persona que estuvieron surcando los mares casi tres años», señala extrañado Secundino.

El manuscrito hace referencia a «Paul Nichols», un joven surfista de Cocoa Beach, Florida,  que falleció a los 35 años y que era «una persona feliz enamorada de la gente». Al parecer, según relata la carta, tras fallecer lo incineraron y como última voluntad quiso que se esparcieran sus cenizas al mar en el lugar donde se localizase cada botella. «Así que fue lo que hice«, afirma este vecino de Mougás. «Ahora, parte de sus restos ya descansan en la costa de Oia».

Además de echar las cenizas al mar, dentro de la botella había otros dos dólares «para que quien encuentre este mensaje se tome una cerveza a mi salud en un bar de playa», refiere el documento y emplazaba al receptor de la misiva a que la botella se colgase en la pared de un bar, «para ser un simpático fantasma de chiringuito con el que se puedan hacer fotos».

También pide que se pongan en contacto con su hermana a través de la dirección de correo electrónico que remiten. «Cuénteselo a mi hermana y a mi madre. Ellas le dirán a mi hija Zoe que yo sigo surfeando por el mundo», concluye el mensaje.

Esta es la tercera vez que la familia de Secundino se topa con un mensaje dentro de una botella. Hace 18 años él y su hermana se encontraron con sendas misivas en la costa de Oia y aún mantienen relación con una familia de Canadá que envió la primera de las cartas.

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