Un estudio genético de gran alcance ha resuelto una de las incógnitas históricas del Parque Nacional de las Islas Atlánticas de Galicia, el origen de las poblaciones de conejo de monte que habitan en Cíes, Ons y Sálvora.
Lejos de ser simples animales introducidos por el ser humano, como se había sospechado durante años, los análisis revelan que estos conejos forman parte de la fauna natural del archipiélago desde procesos de colonización antigua, con una historia evolutiva propia marcada por el aislamiento insular.
El trabajo, desarrollado por el Parque Nacional en colaboración con el CIBIO de la Universidad de Oporto, utilizó técnicas avanzadas de genética de poblaciones para reconstruir el pasado de estos animales. Se analizaron 70 conejos de las tres islas y se compararon con 124 individuos de poblaciones continentales gallegas y una base de datos de referencia de más de 350 ejemplares de diferentes linajes y razas domésticas.
El resultado es tan claro como relevante, Sálvora y Cíes conservan poblaciones genéticamente coherentes con una colonización natural antigua, mientras que Ons ha sufrido una alteración reciente por la introducción de conejos domésticos.
En el caso de Sálvora, donde se registra una de las mayores densidades de conejos de Galicia, ninguno de los animales analizados presentó genes de conejo doméstico. Su ADN muestra una mezcla natural de los dos grandes linajes ibéricos —algirus y cuniculus—, pero tanto las líneas maternas como paternas pertenecen al linaje occidental algirus, lo que indica que los primeros colonizadores de la isla procedían de este grupo.
Algo similar, aunque aún más marcado, ocurre en las Cíes. Allí, casi el 90% del ADN es del linaje algirus y no se detectó ninguna huella de domesticación. Es, de hecho, la población que mejor conserva el perfil genético original de los conejos del noroeste peninsular, reforzando su valor como patrimonio natural.
Este aislamiento prolongado ha generado una estructura genética singular que distingue a estas poblaciones de las del continente, otorgándoles un alto interés para la conservación.
Muy diferente es el caso de Ons. En esta isla, el 77% de los conejos analizados son híbridos entre animales domésticos y silvestres. La presencia de genes y cromosomas típicos de conejos criados por el ser humano solo puede explicarse por liberaciones realizadas en tiempos recientes, que han alterado profundamente la integridad genética de la población original.
Aun así, los científicos consideran que Ons también fue colonizada de manera natural en el pasado, y que la situación actual es consecuencia directa de la acción humana.
El estudio no es solo una radiografía genética, sino una herramienta clave para la gestión del parque. El conejo de monte es una especie “ingeniera del ecosistema”: modifica el suelo con sus madrigueras, influye en la vegetación y es una presa fundamental para numerosos depredadores. Saber si es autóctono o introducido cambia por completo la forma de manejar sus poblaciones.
Ahora, con evidencias científicas sólidas, el Parque Nacional podrá aplicar estrategias diferenciadas, conservar y proteger las poblaciones singulares de Sálvora y Cíes, y abordar de manera específica la situación alterada de Ons.
En definitiva, los conejos de las Islas Atlánticas no son un problema importado, sino una parte viva de la historia natural del archipiélago. Su ADN, como un archivo del pasado, confirma que llegaron por sus propios medios hace miles de años y que hoy representan un patrimonio genético único que merece ser preservado.
