El Celta se fue de Anoeta sin puntos tras una auténtica lucha de titanes bajo el diluvio donostiarra. Primera derrota celeste en este 2026 en un partido muy competitivo y con un desarrollo mucho más equilibrado de lo que refleja el resultado final.
Arrancaba la primera parte y Bryan Zaragoza avisaba tan solo 30 segundos después con un lanzamiento que se marchaba por la línea de fondo. Se lamentaba el atacante malagueño mientras el conjunto de Claudio Giráldez se hacía con el dominio del partido ante una Real Sociedad en plena dinámica ascendente que supo aprovechar al máximo sus ocasiones. Pasado el cuarto de hora, Mikel Oyarzabal, en la que era la primera aproximación local, recibía un balón en la frontal del área y ajustaba un lanzamiento al segundo palo con el que lograba superar a Radu.
Lejos de descomponerse, tocaba remar y el Celta mantuvo su plan. Asumió el control del balón, se mostró atrevido por las bandas y buscó profundidad con movilidad constante. La iniciativa fue visitante durante buena parte del primer tiempo, aunque la Real, más agresiva tras el gol, presionó alto durante varios minutos. Antes del descanso, el partido volvió a girar cuando una fuerte entrada sobre Manu Fernández terminaba con la expulsión de Caleta-Car, dejando a la Real con diez en toda la segunda mitad.
Un contexto que favorecía al conjunto de Claudio Giráldez que, tras ajustar el sistema, pasaba a instalarse en campo rival. Con paciencia y abriendo líneas, fueron empujando a una Real Sociedad replegada, hasta encontrar el empate en las botas de Borja Iglesias que controlaba en el área una buena asistencia de Sergio Carreira. Sin embargo, en el mejor momento celeste, llegó el segundo golpe local. En una acción aislada, Oyarzabal parecía querer imitar su primer gol anotando nuevamente desde la frontal.
El 2-1 tampoco apagó al Celta, que siguió buscando el empate hasta el final y acumuló llegadas en el tramo decisivo del encuentro, topándose con un inspirado Remiro. Ya en el tiempo añadido, con el equipo volcado, un penalti permitió a Brais Méndez cerrar el marcador desde los once metros, certificando un resultado excesivo para la lucha vivida sobre el terreno de juego.
