La Ría de Vigo fue testigo el pasado sábado de un evento tan emotivo como insólito: el primer bautizo marinero celebrado en sus aguas. La protagonista fue Luján, una recién nacida cuya llegada al mundo fue celebrada por sus madres, CFA y WGC, de una forma original, simbólica y profundamente ligada al mar.
La jornada comenzó a las 11:00 horas en la Iglesia de San Benito de Gondomar, donde se realizó el bautizo tradicional con la presencia de familiares, amigos y compañeros del club motero al que pertenecen las madres. A la salida del templo, el paso del coche de Luján fue acompañado por una sonora pitada de motos, como bienvenida motera para la más pequeña del grupo.
Desde allí, la comitiva se trasladó a la sede del Club Ordas en Vigo. Fue allí donde Luján recibió su primer chaleco motero, un pequeño gesto cargado de simbolismo que la convirtió oficialmente en la integrante más joven del motoclub.
Pero lo más original estaba por llegar. A bordo del catamarán Jesús Rosa Acuña de la naviera Piratas de Nabia, embarcaron rumbo al corazón de la ría. Sobre las 14:45 horas, con el barco fondeado en medio de las aguas viguesas, se celebró el bautizo marinero, oficiado por el patrón del barco, Juan, y organizado al detalle por sus madres y seres queridos y al que asistieron unos 50 invitados.
«La idea surgió porque lo vimos hace años en el río Guadalquivir, en Sevilla, y quisimos traerla al mar«, explicaron. “Mi padre era marinero, y a toda la familia nos gusta el mar. Así que empezamos a investigar”, indicaron.
Inspiradas por antiguas tradiciones navales —como las que realizaba la Armada venezolana a los nuevos tripulantes—, y la mitología de Neptuno y Poseidón, decidieron adaptar el rito para dar la bienvenida simbólica a Luján como hija del mar. “Se trata de demostrar que el bautizado es digno de ser protegido por el mar, y tras superar las pruebas simbólicas, se le moja con agua salada como bendición”, explicó una de las madres.
Los padrinos fueron seleccionados entre los invitados, a quienes denominaron sus “tripulantes”. En una ceremonia cuidadosamente preparada, sacaron agua del mar con un cáliz sin derramar ni una gota. El patrón del barco derramó el agua sobre la cabeza de Luján, y luego, cada uno de los nueve padrinos ató un nudo en la cuerda del cáliz, como símbolo de protección, unión y fortaleza.
Tras la ceremonia, los asistentes compartieron una comida a bordo del catamarán, con la Ría de Vigo como telón de fondo. “No se nos ocurre un lugar mejor”, dijeron. “Comimos en la ría más bonita del mundo”.
Luján, ya con su chaleco y la bendición del mar, vivió así una bienvenida única, rodeada de amor y mar. Un bautizo que quedará en la memoria de todos y que, quién sabe, podría inaugurar una nueva tradición en la costa gallega.

