Ni el mal tiempo puede con las Festas do Monte
ANA I. DURÁN

Llueva, nieve, truene o haga 40 grados de calor, nada puede con las Festas do Monte. Los guardeses llevan la festividad en el corazón y no hay nada que les impida venerar a Santa Tegra en el Domingo do Monte.

A Guarda vivió ayer su día grande de las Festas do Monte. Miles de personas se congregaron en el Monte para rendir culto a Santa Trega a ritmo de bombo y vino, a pesar de la lluvia y la niebla.

El vino tinto, epicentro de la celebración, servía de ducha improvisada mientras retumbaban los tambores que hacían sonar los miembros de las distintas bandas al mismo tiempo que juraban por alguna persona en especial, bien porque se encuentra en la mar, por alguna mujer embarazada o por alguien que haya fallecido.

De mañana temprano las bandas se reúnen en la Alameda para comenzar la subida al Trega cargados con bombos y vino. Tras la comida campestre en plena naturaleza comienza la “Troulada”. El fruto de la vid corre por despojo por dentro y por fuera. Los allí presentes se encargan de manchar con vino a la gente con todos los utensilios posibles, desde pistolas de agua hasta sulfatadoras.

Sobre las siete de la tarde las bandas comenzaron a bajar al Montiño donde la fiesta continuó hasta las nueve de la noche para prolongarse después por las calles de la villa, donde cientos de personas los esperaban para fotografiarlos.

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