En el estudio de danza HuslingDance, en Sabarís, Baiona, la edad no marca el ritmo ni pone límites a las ganas de aprender. Allí, entre música, pasos de baile y compañerismo, personas de distintas generaciones encuentran un espacio para mantenerse activas, conocer gente y reservarse un tiempo para ellas mismas.
Al frente del estudio está Pilar María Espino Husling, profesora de danza con una trayectoria de alrededor de 30 años impartiendo clases y que mantiene abierto este proyecto en Baiona desde 2005.
Cubana de nacimiento, Pilar lleva dos décadas en Galicia, donde ha desarrollado buena parte de su actividad profesional. Su recorrido incluye experiencias como bailarina en Tropicana y colaboraciones con formaciones musicales como Orishas. Además, cuenta con formación certificada en danza clásica y moderna, titulaciones que obtuvo en Cuba y posteriormente homologó en España.
Aunque muchas personas la conocen por sus clases de zumba, que impartió en distintos lugares de O Val Miñor, su trabajo abarca un abanico mucho más amplio de disciplinas. En HuslingDance hay propuestas para niños desde los tres años, adolescentes y adultos, con clases de ballet clásico, danza moderna, danza urbana, barre, zumba, ritmos latinos, taichí y gimnasia activa, entre otras actividades.
«Desde cero hasta los 100», resume Pilar al explicar a quién se dirige el estudio. Su objetivo es que cualquier persona pueda acercarse a la danza, independientemente de su experiencia previa, y encontrar una actividad adaptada a sus intereses y posibilidades.
Una de las propuestas con mayor componente social es la gimnasia activa, una actividad que nació de las clases de mantenimiento físico y que Pilar decidió replantear para alejarla de las etiquetas tradicionales. La idea es combinar el ejercicio con el baile, utilizando canciones de distintas épocas para trabajar la tonificación, la flexibilidad y el equilibrio.
En las sesiones suenan temas que recuerdan a los guateques de los años sesenta y a la música de los ochenta y los noventa. A través de coreografías y movimientos adaptados, los participantes se mantienen en movimiento mientras disfrutan de canciones que forman parte de sus recuerdos. La clase termina con unos minutos de meditación y relajación.
Pilar llama cariñosamente «chicas vintage» a muchas de sus alumnas, buena parte de ellas vecinas de O Val Miñor. La más longeva del grupo tiene 85 años, una edad que la profesora mira con admiración y que le sirve para defender que la actividad física y el disfrute no tienen fecha de caducidad.
Las clases de gimnasia activa se imparten por la tarde, de 19:30 a 20:30 horas, y también los miércoles y viernes por la mañana, de 11:15 a 12:15 horas.
Entre las alumnas más veteranas está Inés Pousa, natural de Santiago de Compostela y residente en Donas, Gondomar. Tiene 82 años y lleva alrededor de quince asistiendo a las clases de Pilar. Su explicación de por qué sigue acudiendo es sencilla, «a bailar, a alegrarme, a disfrutar de la compañía, a todo».
Las sesiones se desarrollan en grupo, siguiendo los ritmos y las indicaciones de la profesora. Inés acude los martes y los jueves y ha convertido esas citas en parte de su rutina. Su experiencia refleja el valor que puede tener una actividad de este tipo más allá del ejercicio físico, una oportunidad para salir de casa, compartir tiempo con otras personas y mantener la ilusión por aprender.
Su vitalidad es también una referencia para sus compañeras, que ven en ella un ejemplo de cómo mantenerse activa con el paso de los años. En el estudio, la edad no es una barrera, sino una circunstancia más dentro de un grupo en el que cada persona participa a su ritmo.
Ana Valverde, de 67 años, vive en Vilariño, aunque es de Vigo, y lleva dos años asistiendo a las clases. Además de gimnasia activa, se ha animado con el ballet clásico. Lo cuenta con humor, pero también con entusiasmo, «lo paso muy bien, sociabilizo». Para ella, el ambiente y la posibilidad de compartir la actividad con personas de distintas edades son parte esencial de la experiencia.
«Me gusta el ambiente, me gusta la profesora y me siento joven», explica. También destaca que acudir a las clases supone arreglarse, salir de casa y encontrarse con otras personas. La danza se convierte así en una forma de bienestar que combina movimiento, autoestima y relaciones sociales.
Alba Iglesias, vecina de Gondomar, lleva cerca de tres años vinculada al estudio. Asiste los martes y los jueves a gimnasia activa y también participa en las clases de ballet clásico para adultos. Le atrae la variedad de estilos, desde el jazz y la salsa hasta el clásico y los bailes inspirados en la música de décadas anteriores.
Para ella, la propuesta de HuslingDance se diferencia de la de un gimnasio convencional, el ejercicio se integra en el baile y se acompaña de música y diversión. También pone en valor la relación entre las alumnas y la facilidad con la que se crean vínculos dentro del grupo.
Las opiniones de Inés, Ana y Alba coinciden en una idea, bailar no consiste únicamente en aprender pasos o mejorar la condición física, es también una manera de compartir, reírse, probar cosas nuevas y sentirse parte de una comunidad.
Desde su apertura en 2005, HuslingDance ha ido ampliando su oferta y sumando personas que se acercan por primera vez a la danza o recuperan una afición que habían dejado aparcada. Pilar reconoce que todavía hay vecinos de la zona que no conocen el estudio, pese a llevar tantos años en Sabarís.
En las clases de ritmos latinos, además, la participación masculina ha aumentado recientemente, hasta el punto de que este año hay más hombres que mujeres, según explica la profesora. Pilar anima a más mujeres a apuntarse y recuerda que no es necesario acudir en pareja para aprender a bailar.
Quienes quieran informarse o inscribirse pueden hacerlo a través de la página web de HuslingDance o contactando directamente con la profesora en el 637 988 645.
