O meu pai repartía o racionamento en Oia e compraba as telas para os monxes do mosteiro
ALFREDO // Miguel y su hijo Edmundo

«O meu pai repartía o racionamento. Tocaba a un cuarto de aceite para todo o mes e cen gramos de azúcar por familia, ademáis traía as telas de Barcelona para os monxes do convento e foi o primeiro do municipio de Oia en comprar unha camioneta». Tras esta descripción, muchos vecinos le pondrán aún nombre y cara a Edmundo Blanco, el fundador del único comercio centenario de Oia.

El que habla sobre él es su hijo Miguel, que ha estado casi cincuenta años tras el mostrador de Comercial Blanco, el «Corte Inglés de Oia», como lo conocen muchas personas. El negocio está ahora en manos de la tercera generación. Edmundo Blanco, de 52 años, creció como su padre, tras un mostrador y, desde que Miguel se jubiló regenta con su mujer, su hermana y dos empleadas el negocio con más solera del contorno, ya que este año celebra su primer centenario.

A sus casi 85 años (porque los cumple en menos de un mes), Miguel Blanco atesora en su memoria decenas de historias y anécdotas de un municipio que fue creciendo con él y derrocha una lucidez extraordinaria al recordarlas. Nació en la época más difícil en España. Solo tenía seis años cuando en el país se implantó el racionamiento y además de vivirlo en primera persona supo de su padre yendo y viniendo a Vigo para que toda la población, desde Loureza, pasando por O Rosal hasta Oia, pudiera recoger los alimentos con a los que sus cartillas les daban acceso.

Su padre Edmundo, era natural del municipio ourensano de A Rúa de Petín. Pensaba labrarse un futuro en los inicios del siglo XX en Campolameiro pero antes, decidió visitar a su hermana que daba clase en el colegio público de Oia. Fue amor a primera vista porque ese mismo año, 1918, Edmundo abrió la tienda, cuatro años después se casó con la guardesa Isabel Álvarez y la visita duró toda una vida, hasta que la perdió en 1981.

«Agora hai dúas empregadas máis o meu fillo, a muller e a miña filla», confirma Miguel, que pasó el testigo a sus hijos tras casi medio siglo de dedicación, ya que se inició con 15 años. «Temos de todo, calzado, confección, charcutería, ferretería, colchonería, comestibles», afirma con la tranquilidad del deber cumplido y de haber dejado en las mejores manos el legado de su padre. Como toda su generación, Miguel tuvo poca infancia, aunque la disfrutó hasta sobre la carretera. «Daquela só pasaba un coche como moito en todo o día, así que puñamos pedras para facer de porterías e xogabamos ó fútbol», recuerda.

Siempre ayudó en el negocio y con 15 años ya tenía que trabajar. Su padre, además de comprar el ganado para surtir los barcos de Vigo y trabajar mucho para el Concello, también montó una fábrica de quesos en Oia y, pese a que ese negocio no prosperó, él siguió recogiendo y acarreando leche a Vigo para la empresa Larsa. Miguel recuerda también el cambio de ubicación del negocio familiar, que nació donde ahora está el servicio de Correos. «O meu pai sempre dicía que comprou esta casa por 18.000 pesetas e iso entón era moito diñero. Daquela o que máis cobraba era o carpinteiro, que gañaba tres pesetas ó día polo que precisaba un ano para ter 1.000 e 18 para xuntar os 18.000 necesarios», recuerda sobrado de lucidez y entusiasmo.

De aquellos años de posguerra guarda numerosas anécdotas, como cuando se les escapó monte a través en Nigrán una de las reses que tenían que llevar para Vigo y hubo que buscarla desesperadamente porque no se podía perder ni un real, o cuando tuvo que cambiar los bidones que llevaba a Vigo para por sacos, porque el aceite de posguerra era realmente grasa.

Miguel Blanco se casó en 1965 y entonces, ya estaba él al frente del negocio que ahora defienden con sobrada maestría sus hijos. Solo tiene un nieto, de la misma edad que tenían él y su hijo cuando ya trabajaban en el negocio, pero el joven está aún estudiando así que aún no saben si será él el que continúe la saga familiar.

A día de hoy, explica Edmundo (nieto), tienen en la tienda unas 50.000 referencias de productos distintos. Considera que la clave para mantenerse con tan buena salud es la calidad, profesional y el trato directo y personalizado con sus clientes.

O meu pai repartía o racionamento en Oia e compraba as telas para os monxes do mosteiro
ALFREDO
O meu pai repartía o racionamento en Oia e compraba as telas para os monxes do mosteiro
ALFREDO // Miguel mostrando los trofeos de tiro al plato