ALFREDO // Curro de Torroña

La aparición de restos de siete potros en los Montes de Oia, ha encendido las alarmas de la Asociación Animalista Libera y la Fundación Franz Weber, organizaciones que lideran desde hace años la lucha contra el maltrato equino en la comunidad gallega.

Los animalistas han activado además una nueva recompensa de 1.500€ por información o datos «que permitan dar con los autores de esta matanza, que parece estar motivada en el robo de carne de los animales y en una posible venta posterior, lo que podría incurrir en delitos relacionados con la Salud Pública, al no existir trazabilidad alguna del origen, destino ni estado sanitario de los mismos», apuntan desde la organización.

En este sentido señalan que «la falta de una Ley específica supone que las sanciones por casos de maltrato con resultado de muerte, como esta masacre de crías a golpes, son inferiores que la propia Ley de Bienestar Animal de Galicia, que excluyó a los équidos de su ámbito de protección a pesar de las protestas de los animalistas, y por ello han enfatizado su petición de una norma concreta para el ganado equino».

Con más de 164.000 firmas recogidas hasta el momento, FFW y LIBERA! quieren que la comunidad se dote de la primera Ley sectorial para proteger a los caballos, asnos y burros, «recordando las peculiaridades de un territorio en donde estos seres vivos son empleados en espectáculos como las Rapas das Bestas sin que exista un reglamento básico de manejo y bienestar, o la propia pervivencia de los cepos en sus patas desde hace décadas«.

«Si se reconoce el carácter doméstico de los potros brutalmente masacrados, los autores de este acto podrían enfrentarse a un delito de maltrato animal, con penas de hasta 1 año de prisión e inhabilitaciones para el comercio, profesión o tenencia de animales por un máximo de treinta y seis meses, una hipotética condena muy laxa en comparación al daño provocado«, afirman.

De forma paralela las ONG sugieren que la Consellería de Medio Rural desarrolle campañas informativas y disuasorias sobre el trato que deben recibir los équidos, reforzando además las actuaciones de inspección y vigilancia, exigiendo a los propietarios de los animales un mayor control sobre su protección, al entender «que no pueden despreocuparse dejándolos a su suerte en los montes«.