No hay monumento que se le resista, bien sea la Catedral de Santiago de Compostela, la de Milán, la de Florencia o la de Notre Dame o el mismísimo Capitolio de Estados Unidos. A sus 84 años, el rosaleiro Praxíteles González, es un enamorado del arte en miniatura y de todo lo que rodea el mundo de las maquetas.
Su afición comenzó tras jubilarse a los 60 años. Este rosaleiro de corazón primero creó figuras con hierros viejos, luego trabajó el barro y más tarde la madera. Recuerda con mucho cariño la primera maqueta que hizo con sus propias manos, la casa de su hija. “Un día a miña filla díxome que lle fixese unha casiña para que xogase a nena e ao final fixen a súa casa”, comenta el artista más popular de O Rosal.
Pero su pasión por las maquetas no se quedó en la casa de su hija. Luego vendría el puente de O Tamuxe, el centro cultural de A Guarda, “ao que fun máis de 40 veces a ver o edificio para facelo”, el molino de “O Carreiro”, “que ten un acueduto e funciona perfectamente”, la Iglesia de O Rosal, “feita con materiais reciclados da fábrica das Cachadas”, y, posteriormente, la Catedral de Santiago de Compostela, para la cual, uso madera y dedicó 8 meses de duro trabajo y paciencia. “Foi un proceso longo e difícil, pero estou moi orgulloso diso”, apunta el rosaleiro.
Tras la majestuosa catedral de Santiago, Praxíteles elaboró en madera la catedral de Notre Dame y la de Florencia en 2019, a la cual le dedicó 1.500 horas trabajo y uso miles de piezas, “levou o seu tempo pola cantidade de cores e cúpulas que ten, pero quedou preciosa”, reconoce orgulloso el autor. Ya en el 2020, se metió de lleno con la Catedral de Milán. Sus decenas de torres vaticinan el tiempo que le dedicó. “Viña para o traballo e xa sabía o que tiña que facer. Ás veces non saía ben ou non me gustaba como quedaba, tirábao e volvíao facer”, explica.
Pero su obra maestra, y la última de momento, es sin duda el Capitolio de Estados Unidos. Una impresionante maqueta a la que le dedicó 13 meses unas diez horas diarias, “incluso os domingos, que saiamos a dar un paseo e ao volver, cambiábame de roupa e poñíame coa maqueta”, apunta el rosaleiro. Para hacerla, usó más de siete mil de piezas de madera. Sus más de 400 ventanas, sus medidas de 2,5 metros de largo, 66 cm de alto y 73 cm de ancho y un peso de 150 kilos, vislumbran el duro y minucioso trabajo que le dedicó.
Praxíteles cuenta con una amplia vida laboral. Fue Cabaqueiro en verano y en invierno pescaba en el río “lamprea, sabre ou angula, que botabamos ás galiñas porque nos daba noxo”, recuerda. Tras 18 años en Alemania trabajando en una fábrica de ruedas, regentó una casa de turismo rural en O Rosal y una granja de cerdos, que vendía por los pueblos vecinos.


