Un grupo de antiguos compañeros de la mili se reúne este fin de semana en Baiona tras reencontrarse décadas después. Están en la villa pontevedresa disfrutando de un fin de semana que para ellos ya es tradición. Son antiguos compañeros de la mili que, 35 años después de perder el contacto, han convertido sus reencuentros en una cita anual que recorre distintas partes de España. Este año, la quedada tiene sabor gallego y está organizada por Roberto Ramilo Cabral, vecino de la zona de Valladares, en Vigo.

Todo empezó en 1984, cuando hicieron el servicio militar en Jaca, en la Escuela Militar de Montaña y Operaciones Especiales. Eran 37 compañeros de la misma compañía. El paso del tiempo los dispersó, hasta que Jon Egilior decidió recuperarlos. «Después de 35 años sin vernos, se me ocurrió localizar a la gente». No fue fácil. «Fue casi una labor detectivesca, incluso con consultas a Google Earth y rastreando redes sociales».

El resultado fue sorprendente. «Localicé a los 37, uno de ellos había fallecido y contacté con un tío suyo. Otro con el que contacté no llegamos a tener relación, pero el resto sí». Con todos en un grupo de WhatsApp, organizó la primera quedada en Segovia, un punto intermedio para facilitar la asistencia desde Cataluña, País Vasco, Cantabria, Asturias, Galicia, León, Madrid, Teruel, Valencia, Zaragoza, Extremadura y Andalucía. «De 37 acudimos 31 y nos reencontramos después de 35 años sin vernos».

Desde entonces, el grupo no ha dejado de reunirse. Al año siguiente volvieron a Jaca, donde hicieron la mili, y después fueron alternando destinos, Sitges, Montefrío (Granada), Asturias, León y ahora Baiona.

El formato se mantiene, un fin de semana, aunque algunos alargan la estancia. «Los cinco del norte vinimos el jueves porque íbamos a visitar a un compañero en Cospeito, en Lugo. Comimos allí con él y nos vinimos por la tarde a Baiona. Los demás llegaron el viernes».

Alojados en el Escondidiño, han compartido estos días visitas y comidas. «Ayer fuimos a Valadares, a casa del que ha organizado el viaje, que nos invitó a un almuerzo, y después fuimos a un restaurante». Los desplazamientos también forman parte de la historia. «Los del norte vinimos en furgoneta, un andaluz ha venido con uno de Salamanca, en coche».

Lo más llamativo es la evolución del grupo. «En la mili no éramos muy avenidos, nos juntábamos más los del norte y había los típicos piques. No éramos una piña». Hoy, en cambio, la relación es muy distinta. «Ahora es terrible lo que ha cambiado, somos una piña. Cuando uno viaja al País Vasco me llama, y si yo voy a Andalucía procuro hacer lo mismo».

Hay una clave que ayuda a mantener la convivencia, «no hablamos de política. Estamos de todas las tendencias y de todo», afirma con humor el ideador de la iniciativa. Este año se han reunido 18, todos con 62 años, pero con el mismo espíritu de entonces, ahora reforzado por el paso del tiempo. Ya tienen en mente el siguiente destino: Madrid. Y, visto lo visto, la historia de este grupo aún tiene muchos capítulos por escribir.