En la costa agreste y hermosa de Oia, donde el mar Atlántico golpea con fuerza los acantilados, vive y trabaja Xabi Garrido, un vecino de 60 años cuya historia está íntimamente ligada a la piedra, la madera y el Camino de Santiago. Desde hace décadas, este artesano autodidacta transforma los regalos del mar —raíces, madera, cuerdas, boyas, conchas— en obras únicas, muchas de ellas destinadas a acompañar a peregrinos en su viaje espiritual hacia Compostela.
La historia de Xabi comienza en 1992, cuando empezó a trabajar en el camping O Muíño de Mougás. Su vida dio un giro en 1997, cuando un cantero le pidió ayuda para construir un muro de piedra. Aquella colaboración ocasional despertó una pasión duradera: “Me enamoré del oficio”, recuerda. Desde entonces, la piedra se convirtió en una extensión de su creatividad, especialmente la pizarra, en la que fue pionero.
“En Galicia tenemos pizarra negra de Ourense o la marrón de O Caurel, que es precioso. Se pueden hacer piezas impresionantes”, explica mientras muestra una de sus obras más destacadas, una recreación del Faro de Silleiro que le llevó cuatro días de trabajo intensivo, ocho horas cada jornada.
La fascinación por los petroglifos lo acompañaba desde mucho antes. Ya de niño, los fines de semana salía a los montes de O Baixo Miño para observarlos. Luego, los esculpía en pizarra tras digitalizarlos y adaptarlos a escala. “Tengo piezas mías repartidas por todo el mundo”, afirma con orgullo.
Durante ocho años, Garrido fue también el rostro del punto de información turística en el restaurante O Peñasco, donde orienta a los visitantes sobre los encantos locales: las pozas naturales de Mougás, el Monasterio cisterciense de Santa María de Oia —único en Europa por su ubicación al borde del mar— y, cómo no, los secretos del Camino Portugués por la Costa. “A los peregrinos les explico por dónde van a pasar: el Faro de Silleiro, Baiona, la Carabela La Pinta, las playas…”.
Pero su vínculo más entrañable con los caminantes se forja a través de sus bastones. Xabi recorre la costa recogiendo maderas a la deriva, muchas de ellas traídas por el mar desde lugares tan lejanos como Oregón, en la costa del Pacífico. A esas piezas de madera les da nueva vida: las trata con insecticidas y protectores, las talla, les añade conchas de lamparón, vieira o almeja que obtiene de los restaurantes de la zona, y las convierte en bastones únicos. “He hecho más de cien de distintas medidas. Los peregrinos se los llevan para hacer el Camino. Uno incluso lo envió por correo a Alemania porque no podía llevarlo en el avión. Luego me escribió una carta contándomelo», relata emocionado y añade «el palo es un compañero de viaje. Es una satisfacción llegar a Santiago con él”.
La relación de Xabi con los peregrinos no termina ahí. Desde 2017, lleva un meticuloso registro del paso de los peregrinos por el Camino. Gracias a sus anotaciones, sabemos que, desde los 2.400 caminantes que pasaban por Oia en 2016, la cifra ha escalado hasta más de 70.000 en la actualidad «y eso que sólo contabilizamos los que piden la Compostela, por lo que la cifra real es aún mayor”, asegura.
Con miles de anécdotas a sus espaldas, Xabi Garrido es más que un artesano o un informador turístico. Es un guardián del patrimonio natural y cultural de Oia, un testigo incansable del Camino, y un alma creativa que transforma residuos marinos en bastones con alma, compañeros de viaje de miles de peregrinos.

