ALFREDO

Desde hace más de un año, Miguel Ángel García, vecino de Marín pero afincado y «enamorado» de Oia, se ha convertido en un vigilante silencioso de la costa. Cada paseo junto al mar se convierte para él en una oportunidad de limpiar y proteger el entorno.

Bolsas, restos plásticos e incluso objetos curiosos como zapatos de todo el mundo, pequeños electrodomésticos o arroz japonés son recogidos y depositados en los denominados Puntos Limpios Marítimos (PLM) que él mismo ha instalado de manera artesanal.

García, ya jubilado y con más de 40 años de trabajo en diferentes sectores, 10 de ellos surcando los mares, vive a escasos 100 metros del mar, en Punta Orelludas, lo que le permite observar de primera mano la basura que las corrientes traen desde lugares tan lejanos como Estados Unidos o China. Su labor consiste en recoger los restos más pequeños en sacos reutilizados de obras y coordinar con el Concello de Oia su retirada para que el mar recupere parte de la limpieza que merece.

Considero que el privilegio de vivir tan cerca de la naturaleza significa también responsabilidad. Mi contribución es recoger la basura no orgánica que nos trae el mar, que es el mayor generador de oxigeno que tenemos”, explica Miguel Ángel.

Gracias a su iniciativa y la colaboración del Concello de Oia, los Puntos Limpios Marítimos están situados en zonas accesibles para que cualquier persona pueda depositar los residuos que encuentre durante sus paseos, fomentando la conciencia ambiental. «Estamos barajando la posibilidad de instalar uno en la playa cerca del Mosteiro de Oia», señala.

El impacto de su labor se nota, tras cada temporal, cuando el mar devuelve restos de chapapote o plásticos, los puntos creados por Miguel Ángel permiten una recogida ordenada y eficaz. Hasta la fecha, los sacos se han retirado en varias ocasiones, manteniendo limpio un tramo que antes acumulaba gran cantidad de desperdicios.

«Me desplazo habitualmente desde Punto Orelludas hacia Santa María de Oia, entre 1 y 2 kilómetros, porque la zona evidentemente es bastante inaccesible y los restos de pequeño volumen los meto en un saco y los puedo transportar», comenta orgulloso de su labor a los pies del Océano Atlántico.

Miguel Ángel García resume su filosofía con sencillez. “La sensación de haber aportado mi granito de arena a la naturaleza es enorme. Todos deberíamos mirar más al mar con respeto y tratar de cuidarlo, porque al final no solo es nuestra felicidad, sino la de los que vienen después”.

Este ejemplo de implicación ciudadana y cuidado del entorno costero pone de relieve que, a veces, la diferencia se hace con pequeños gestos sostenidos en el tiempo. La alcaldesa de Oia, Cristina Correa, ha expresado su agradecimiento por la iniciativa, destacando que acciones como esta ayudan a proteger un recurso esencial.