ALFREDO

Cuando Martín Alonso Pinzón llegó a Baiona el 1 de marzo de 1493 con la noticia del descubrimiento de un nuevo mundo, no se iba a imaginar que unos cuantos de años después, su noticia se convertiría en la Festa da Arribada, que atrae a miles de personas a la Real Villa.

Este año se cumple el 525 aniversario de tal efeméride. El Concello preparó una celebración por todo lo alto, ya que el acontecimiento lo requería. Pero el tiempo jugó una mala pasada ya desde el primer día. Este mal tiempo motivó que este domingo el acto de la representación teatral de la “Arribada del Descubrimiento” en la playa A Riberia no se celebrase.

La mañana del domingo no hacia presagiar la tarde de “perros” que los asistentes a la famosa fiesta tuvieron que aguantar. Al mediodía, la plaza del Padre Fernando era un hervidero de público atraído por el olor del churrasco y, sobre todo, del “choripán”. Los comensales se atiborraban de empanada, tortilla, empanadillas y pulpo, todo ello bañado con vino tinto en “cuncas” de barro. Las filloas, la leche frita o la tarta de la abuela, endulzaban el paladar del público llegado de toda la contorna.

Pero pese a la lluvia, la Festa da Arribada, que este año celebra su XXIII edición, no defraudó y los asistentes pudieron contemplar, cuando el tiempo se lo permitió, de la demostración de tiro con arco, de un combate de esgrima medieval con representación de un juicio por combate y duelos con espada, de talleres artesanos, historias de trasgos, protagonizadas por seres legendarios que narraron leyendas, un encantador de serpientes o de la demostración del arte milenario de la cetrería, con halcones guiados por auténticos profesionales.

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