CEDIDA

Ha pasado una semana desde el brutal asesinato de Teresa de Jesús, trabajadora del Servizo de Axuda no Fogar (SAF) en O Porriño, y todavía muchas de sus compañeras no logran salir del shock. Pero detrás del duelo y los minutos de silencio, hay una profunda rabia contenida entre las profesionales del sector, que reclaman menos palabras y más protección real en el ejercicio de su labor.

Una de esas voces, la de una auxiliar que ha querido mantener el anonimato, rompe su silencio para denunciar que la tragedia de Teresa era evitable, y que desde hace tiempo, muchas de las profesionales del SAF venían advirtiendo de los riesgos que enfrentan a diario.

“Cada mañá poñémonos o uniforme, deixamos os nosos problemas persoais no coche ou na mochila, e saímos con ilusión a mellorar a vida de persoas que nos necesitan. Pero facémolo soas, vulnerables, expostas… e moitas veces, sen o respaldo que deberiamos ter”, afirma.

Una profesión vocacional… pero desprotegida

Aunque muchas familias reconocen su trabajo, y los usuarios agradecen su cercanía y dedicación, no todas las situaciones son así. «A realidade menos visible do SAF inclúe casos de malos tratos, agresións verbais e mesmo físicas, ademais de presións laborais para soportar contornas insalubres ou directamente perigosas».

La denuncia de esta auxiliar va dirigida a las empresas concesionarias del servicio, a las que acusa de priorizar beneficios económicos y reputación ante los Concellos, incluso a costa del bienestar y seguridad de las trabajadoras.

“Dinnos que se hai problemas cun usuario, renunciemos ao servizo, que aguantemos ata que nos consigan substitución. Cambian á traballadora, pero non enfrontan o problema de raíz. Se denunciamos, cúlpasenos, dubídase da nosa profesionalidade, ou simplemente ignórasenos”.

En su carta, la auxiliar cuestiona la utilidad de los homenajes institucionales si no van acompañados de medidas concretas. Pide que las administraciones públicas –Xunta, concellos, diputaciones– actúen ya, actualicen convenios laborales caducos, y establezcan protocolos de seguridad que impidan que situaciones de riesgo deriven en tragedias como la de Teresa.

También señala la falta de herramientas efectivas para protegerse: “¿De verdade cren que unha muller que foi maltratada por un usuario vai ter forzas para ir denunciar a comisaría se nin a súa empresa nin o Concello a apoian?”.

Muchas auxiliares del SAF son el sustento económico de sus hogares, y eso las hace más vulnerables a chantajes laborales. Según relata la trabajadora, el miedo a perder el empleo es utilizado por algunas empresas para silenciar denuncias, forzar a continuar con servicios peligrosos o ignorar las demandas de protección.

Por eso, exige a las autoridades que dejen de mirar hacia otro lado y tomen decisiones firmes: que se evalúen adecuadamente los servicios conflictivos, se escuche a las profesionales en riesgo, y se sancione a quienes abusan de ellas —ya sean usuarios, familiares o empleadores—.

«Cualquiera de nosotras puede ser Teresa»

La misiva termina con una llamada a la unidad y sororidad entre compañeras. “Calquera de nós podería ser Teresa se nada cambia. Non consintamos ningún abuso, nin físico, nin psicolóxico, nin laboral. Fagámolo por nós, polas nosas familias, e por todas as que virán despois”.

«O asasinato de Teresa non pode ser un caso máis. Non debe esquecerse cun crespón negro nin cunha nota de condolencia. A súa morte debe marcar un antes e un despois na dignidade e seguridade de todas as traballadoras do SAF«, finaliza.

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