ALFREDO

El Colegio Panxón ISM cumple 50 años. Con tal motivo, el centro celebró esta tarde un acto muy especial con la presencia de autoridades, profesores, alumnos y antiguos docentes que no se quisieron perder un evento marcado por la emotividad y el recuerdo. 

Medio siglo desde que, en noviembre de 1975, abrió sus puertas con una misión tan clara como necesaria, acoger y formar a los huérfanos de marineros de toda España, convirtiéndose en uno de los centros de internado más emblemáticos del país.

Durante cinco décadas, miles de niños pasaron por este complejo educativo situado en Panxón, Nigrán, que llegó a ser un referente estatal junto a los otros dos internados impulsados por el Instituto Social de la Marina, el de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), orientado además a FP, y el de Mosteirón (A Coruña), destinado a niñas.

En sus inicios, el centro impartía la EGB. La distribución del edificio respondía a su condición de internado. La residencia ocupaba la tercera planta, las aulas se situaban en la segunda, y en el primer piso estaban los servicios comunes, como comedor, cocina y salas de estar. Hasta 120 niños convivían en siete u ocho habitaciones, atendidos y acompañados por un equipo entregado. La estructura permitía que los alumnos permanecieran allí hasta completar octavo de EGB para, posteriormente, regresar a sus hogares o continuar en institutos de Formación Profesional.

Hasta 2006, el colegio dependió del Ministerio de Trabajo a través del ISM. Ese mismo año su gestión pasó a la Consellería de Educación de la Xunta de Galicia, y en 2008 se creó el CEE. Hoy, el recinto acoge dos centros educativos totalmente independientes, el CPI Plurilingüe Arquitecto Palacios y el CEE de Panxón, especializado en la atención a alumnado con trastornos graves de conducta.

El primer director del centro, Juan José Ruiz Carrión, llegó a Panxón en 1975 con apenas 27 años. Licenciado en Filología Románica y maestro, recuerda aquellos años con emoción y gratitud. “Llegué soltero y me marché nueve años después casado y con tres hijos. Todo era muy animoso, porque aquí había que atender a 120 residentes y a 320 alumnos en total. Cuando uno es joven nada es duro; con 27 años nos comemos el mundo”, afirma.

Ruiz Carrión destaca la implicación extraordinaria de todo el personal del centro. “La disponibilidad que tenía la gente fue asombrosa. Aquí no nos rendíamos nunca. Los profesores estábamos de sol a sol, porque el internado apenas contaba con dos monitores al principio. Después de las clases hacíamos actividades deportivas o culturales que los alumnos podían elegir.” Con afecto recuerda que “las chicas de la lavandería bañaban a los más pequeños, porque el edificio no estaba pensado para distintas edades y había que improvisar soluciones”.

Había alumnos que, cuando salían de clase o después de bañarlos, corrían por el pasillo, se te subían a la rodilla y te daban un beso. Esos momentos son inolvidables. Aquí, más que un trabajo, fue una vida intensa y llena de afectos”, recuerda Ruiz.

El director nunca dejó de dar clase. “Me reservaba Lengua y Literatura para los cursos más altos. Era importante mantener el contacto directo con ellos.” Ruiz Carrión dejó el colegio en 1984, cuando el Instituto Social de la Marina lo reclamó para coordinar la acción formativa de la institución en Madrid. Pero Panxón siempre se quedó con él. “Mucho cariño. Muchísimo. Fue una etapa entrañable y decisiva en mi vida.”

El colegio Panxón ISM fue, durante décadas, refugio, escuela y hogar para los hijos de familias del mar que atravesaban momentos difíciles. Hoy, al cumplirse 50 años de su creación, su legado sigue presente en la memoria de quienes lo vivieron y en los centros educativos que ocupan su espacio.