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Voluntarias que atienden las colonias de gatos en Gondomar buscan un hogar para una gata y sus tres crías. Hace unos días que la madre parió y ahora viven los cuatro mininos en la calle. Son las voluntarias las que les dan de comer para que no se mueran de hambre.

«La madre es de una casa particular, pero como tuvo a las crías en la calle somos nosotras las que los estamos cuidando porque sus dueños se han desentendido. Ahora les estamos buscando un hogar, si alguien quiere adoptarlos puede ponerse en contacto con nosotros a través de nuestra página de Facebook, S.O.S. Mascotas Val Miñor», señala Ana Mosquera, una de las voluntarias.

Ella y sus compañeras, Eloísa y Sole, llevan las tres colonias que hay registradas en Gondomar centro. Una está en la Iglesia, otra en un aparcamiento cercano y la otra en la Plaza del Concello. Ellas cuidan con todo cariño y les dan de comer y beber a los gatos de las tres estaciones, tanto los abandonados como los que aparecen de las casas particulares.

«Son siete los gatos que hay en la colonia de la Iglesia y están todos castrados. Les doy tres veces al día de comer y el problema es que vienen también los de las casas», apunta Ana, quien matiza que lo peor es que la gente, «nos roba el pienso a mano llena, nos tiran colillas y heces humanas, han roto los cuencos, otros traen al perro y lo sueltan para que ataque a los gatos, les dices algo y te insultan, te faltan al respecto y te amenazan, eso es el día a día de una cuidadora de una colonia».

Esta voluntaria asegura que se gasta de su bolsillo más de 3.000 euros al año en esta colonia, no sólo en darles de comer a los mininos, sino también en castrarlos, vacunarlos o llevarlos al veterinario por si están enfermos o heridos. «Al principio los castrábamos a través del Proyecto Gato de Prado y controlamos un poco la colonia, pero siguen abandonándolos. El problema es que la gente no esteriliza a los gatos, y si no están castrados se reproducen, paren en la calle y se crean colonias, por eso hay muchos gatos en Gondomar, porque no se castran», afirma.

Gracias al párroco de Gondomar, Víctor Bargiela, que es un amante de los animales, y al Concello, «se va a poner una verja para que la gente no pueda acceder y no robe el pienso», comenta Ana Mosquera, quien quiere agradecer a las protectoras de animales su ayuda.

La voluntaria cree que para atajar el problema tiene que haber implicación por parte de las Administraciones. «Implicación a la hora de intentar concienciar a la gente que tiene que estilizar a los gatos y no abandonar al animal, además, nos hacen falta casas de acogida para sacar a los gatos de la calle para luego buscarles un hogar en adopción».

Afirma también que necesitan en Gondomar «una clínica concertada para llevar a un gato en caso de urgencia y no tener que desplazarnos a Vigo», finaliza esta amante de los animales que busca mejorar la calidad de vida de los gatos.

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