José Manuel Alonso

Con 40 años a José Manuel se le cayó el mundo encima. Su vida transcurría con normalidad hasta que le diagnosticaron Párkinson, la segunda enfermedad degenerativa con mayor incidencia a nivel mundial. Él ya conocía las secuelas de esta dolencia ya que su padre también la había padecido y sabía perfectamente a lo que se enfrentaba.

«Al escribir comenzaba normal y luego iba cayendo poco a poco. Fui al médico y me hicieron una resonancia cerebral con radioactividad, que fue donde me lo detectaron.
Para mí fue un golpe muy grande porque que te diagnostiquen Párkinson siendo tan joven, es muy duro», explica el rosaleiro de 54 años.

Pronto comenzaron con la medicación. Al principio todo iba bien, hasta que se la tuvieron que cambiar porque a la gente joven puede provocarle esquizofrenia. Pero el nuevo tratamiento no hacía tanto efecto, los temblores iban a más y en 2021 le operaron con la técnica de tratamiento neurológico, estimulación cerebral profunda. «Me introdujeron dos electrodos en la cabeza que hacen que el sistema nervioso active los músculos», señala.

Antes de pasar por el quirófano probó toda la medicación de Párkinson que había y lo único que le funcionó fue la operación. «Era una cobaya. Tomaba unas 20 pastillas diarias, no podía andar, ni hablar, ni tragar, la pierna me quedaba agarrotada y tenía que ir en silla de ruedas. Ahora sólo tomo una pastilla para dormir», afirma.

Su vida dio un giro de 180 grados. «Ahora estoy bien, me falla un poco el habla. Hay ciertas horas del día que me noto cansado, pero hago una vida prácticamente normal. Voy a tomar un café, preparo de comer, voy al gimnasio a hacer ejercicio para que no se me atrofien los músculos, voy a clases de inglés, al logopeda, al fisioterapeuta y juego al ping-pong», comenta.

Él ya practicaba el tenis de mesa de pequeño en casa, pero ahora lo retomó porque le dijeron que era muy beneficioso y que sirve de terapia para combatir el Párkinson porque agiliza los músculos de la persona que padece esta enfermedad, en su caso, los movimientos del lado derecho. «A mí el ping-pong me mejoró porque ahora estoy mucho más ágil, más despierto. Cuando juego parece que no tengo enfermedad, hay momentos que me sale todo bien. Para mí es como una meta diaria que tengo que superar», asegura el «deportista» que entrena tres días a la semana, lunes, martes y jueves, dos horas diarias en el Círculo de Lectores de Porriño.

Su pasión por este deporte lo llevó a participar en Opens y en Campeonatos del Mundo. «Un día fuimos al Open de Portugal de Párkinson en Estoril. Allí conocimos al periodista Javier Pérez de Albéniz y a más gente con esta enfermedad que practica el ping-pong. Ahora tenemos un grupo de WhatsApp en el que hay unos 30 miembros», sostiene el rosaleiro, quien participó en el Mundial de Tenis de Mesa para personas con Párkingson que se disputó en Francia el pasado fin de semana y donde logró la medalla de plata en su categoría.

Ahora José Manuel quiere dar visibilidad al ping-pong y anima a gente con Párkinson y Alzhéimer a practicar este deporte «tan beneficioso para las personas que padecen estas enfermedades. Si alguien quiere jugar al tenis de mesa puede contactar conmigo en el Círculo de Lectores de O Porriño o en mi correo electrónico xamerendei@gmail.com», finaliza.